La novela se titula «Sandro Arcabell» y se ambienta en un pueblo de Zamora Casimiro Martínez Altimir, natural de Lérida pero vilagarciano de adopción, no ha perdido, a sus 93 años, la ilusión por ver sus libros impresos y acaba de sacar a la luz otra de sus creaciones, una novela que lleva por título «Sandro Arcabell» y que está ambientada en un pueblo de Zamora. Es el séptimo volumen que publica el antiguo director del colegio José Antonio, hoy A Lomba.
12 jun 2000 . Actualizado a las 07:00 h.REDACCIÓN VILAGARCÍA Casimiro Martínez, pese a la edad y las secuelas de las enfermedades, sigue pasando el día en su casa de Vilagarcía rodeado de libros. «Ahora ya no puedo escribir _asegura_ pero leo todo el día, releo mis libros y los corrijo». La novela que acaba de publicar fue escrita hace ya veinte años y está ambientada en un pueblo de Zamora, a donde regresa un joven que huyó de los EE UU perseguido por las mafias en los años de la Ley Seca. Su presencia en el pueblo castellano levanta todo tipo de comentarios entre los vecinos. Para Casimiro Martínez no es una novedad atreverse a financiar la publicación de uno de sus libros. En realidad, Sandro Arcabell es la séptima de sus creaciones que sale al marcado. Antes publicó El fugitivo de la isla Cortegada, Relatos y cuentos de un ensayista, Ensayo y estudio sobre el hombre como poseedor de valores y Hablando de otros vinos, que recoge los artículos publicados a lo largo de su vida en la revista La semana vitivinícola. Aunque nació en un pueblo de Lérida, el autor pasó la mayor parte de su vida en Vilagarcía, donde llegó en el año 1934 y donde ejerció de maestro y fue muchos años director del antiguo colegio José Antonio, rebautizado hace unos años como A Lomba. Está casado y tiene cuatro hijos. Como explicaba su amigo y también profesor Germán Manuel Torres con motivo de la publicación de los artículos escritos por Casimiro Martínez en la revista La semana vitivinícola, el ejemplo del ex-profesor es «una lección para los jóvenes, esos jóvenes viejos que no saben qué hacer, que se aburren, que necesitan evadirse; que no viven ni aman, que necesitan realidades virtuales, máquinas, sustitutivos de la vida real».