El próximo viernes se inaugura en Vilagarcía una muestra sobre el descubrimiento de la tumba del faraón «¡Veo cosas maravillosas!». Con esas palabras describió Howard Carter, el 25 de noviembre de 1922, el contenido de la cámara funeraria del faraón Tutankhamon. Sus ojos fueron los primeros en posarse en un rico tesoro que llevaba más de tres mil años enterrado. Todo lo que ocurrió entonces fue filmado e inmortalizado en película fotográfica. Con el paso del tiempo, ese material se ha convertido en un nuevo tesoro que, a partir del próximo viernes, se podrá contemplar en Vilagarcía. La sala de exposiciones de la casa de cultura será, hasta el nueve de julio, un pedazo del Valle de los Reyes.
06 jun 2000 . Actualizado a las 07:00 h.R. E. VILAGARCÍA Entre 1922 y 1929, Harry Burton siguió de cerca todos los pasos del antropólogo inglés Howard Carter. Con su cámara fotográfica, el norteamericano elaboró un diario en imágenes sobre el descubrimiento de la tumba de Tutankhamon, el rey niño. Esas fotos llegan ahora a Vilagarcía. Junto a ellas, las palabras que el autor del descubrimiento dejó impresas en sus cuadernos. A través de esos documentos, cinco entidades pretenden «atrapar al expectador en las dudas y misterios» que rodearon la expedición financiada por Lord Carnavon, un noble inglés convertido en mecenas para los egiptólogos de principios de siglo. Las horas del descubrimiento se resumen en 65 fotografías. Comienza la serie en los nueve metros del corredor que da entrada a la tumba. Un angosto camino que remataba en la antecámara. Hasta allí habían llegado los ladrones de tumbas en dos ocasiones, sumiendo en el caos el legado del faraón. «Allí dentro _escribió Carter_ había una segunda capilla con puertas acerrojadas, y sobre los cerrojos, un sello intacto». Las fotografías de Harry Burton permiten atravesar las láminas de piedra y entrar en la cámara sepulcral. «Los ladrones no habían llegado hasta el rey. A partir de ese momento supimos que allí dentro no había pisado nadie, y que tocaríamos materiales que no se habían tocado desde el enterramiento del joven, hace casi 3.600 años», continúa el diario del director de la expedición. Esas palabras sirven de prólogo al descubrimiento del féretro. Tutankhamon descansaba rodeado por una estatua del dios Anubis y un tesoro compuesto por más de 4.500 piezas. Entre ellas, trajes, insignias, joyas, máscaras, perfumes, ungüentos, tronos, camas, bastones, abanicos de oro y ébano, lámparas, vasijas... Oro y lapislázuli Su cuerpo yacía protegido por cuatro sepulcros de madera y un sarcófago de oro macizo. Bajo todo ello, una lujosa máscara de oro y lapislázuli cubría el rostro del niño rey. Una faz brillante y hermosa que escondía los restos momificados de un joven faraón, muerto cuando no contaba más de 19 años de edad. Dicen que fue asesinado. Howard Carter escribió sobre Tutankhamon que «el misterio de su vida nos sobrepasa. Las sombras se mueven, pero la oscuridad no se dispersa». La exposición que llega a Vilagarcía pretende arrojar un poco de luz sobre la maldición del «Hijo del Sol».