Un banquillo corresponsable

Moncho Fernández, Víctor Pérez y Gonzalo Rodríguez preparan cada partido de manera conjunta y pueden mantener el plan en caso de que alguno falte


santiago / la voz

No es la primera vez que descalifican a Moncho Fernández en un partido de la Liga Endesa. Pero, sin duda, es la doble técnica más asombrosa, toda vez que protestas con más decibelios y más carga semántica han quedado sin tanto castigo. Sea como fuere, en un visto y no visto el Alquimista tuvo que enfilar el camino del vestuario cuando quedaban algo más de seis minutos para la conclusión del tercer cuarto y sus ayudantes, Víctor Pérez y Gonzalo Rodríguez, cogieron el timón.

Los dos reconocen que no se esperaban una decisión tan drástica, sobre todo en lo que se refiere a la segunda penalización. «Es difícil explicar qué lo echen por estas acciones, es raro que te muestren dos técnicas consecutivas en la misma protesta», apunta Víctor Pérez. Y Gonzalo Rodríguez coincide: «Estando los dos equipos advertidos, al Facu no le pitaron. Lo único que hizo Moncho fue protestar una jugada. Le sacaron técnica. Está bien. Pero la segunda no tiene razón de ser. Porque no es una protesta reiterada. Hizo un comentario, y con toda la razón. Los árbitros también son humanos, creo que fue un error de no sopesar bien la situación y no hay que darle más vueltas».

En el acta solo puede figurar un entrenador principal y uno ayudante, que es el que queda habilitado para asumir las funciones del primero (pedir tiempos muertos, dirigirse a los árbitros etcétera) en caso de que sea excluido. El Obradoiro inscribe cada temporada, alternativamente, a uno de los ayudantes. Y en esta le toca a Víctor Pérez.

Los dos reconocen que la expulsión de Moncho Fernández hizo daño al equipo. «Por otras experiencias -apunta Gonzalo Rodríguez-, es algo habitual en este tipo de situaciones. Además, el rival huele la sangre».

En todo caso, ambos constatan que la dirección de la contienda siguió por el mismo cauce porque en los días previos se va fijando el plan de partido y en esa tarea participan los tres conjuntamente. «En el momento que se va el entrenador, intentamos seguir ese plan», comenta Víctor.

Dos focos de atención

Todo está reglado en un modelo en el que todos pueden hacer aportaciones: «Durante los partidos, Víctor está más pendiente de que juguemos aquellas cosas que hemos estado preparando y a mi me toca más fijarme en el rival, en cómo nos están defiendo, con qué movimientos nos están haciendo más daño...», indica Gonzalo.

En todo caso, y a pesar de reconocer el impacto de la descalificación, tras la cual el Obradoiro encajó un parcial 19-4, consideran que fueron los minutos finales los que decantaron la balanza porque el Obra consiguió volver a ponerse por delante en el marcador en el último cuarto.

«Lo fácil, tras verse siete abajo, hubiese sido dejarse ir. Pero el equipo vuelve, tuvo un comportamiento ejemplar», resalta Víctor. «No creo que hayamos perdido por la expulsión -reflexiona Gonzalo-, aunque les dio un plus de energía que no estaban teniendo. El equipo tuvo el mérito de volver. Luego nos castigan mucho con el juego interior. En situaciones de uno contra uno cobran faltas y tiros libres. Y hay canastas de Laprovittola de mucho mérito, porque están bien defendidas».

A pesar de todos los pesares, el Monbus Obradoiro tuteó al Real Madrid hasta el minuto 37 y solo cedió ante el tirón final del colectivo de Pablo Laso.

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