Fran Grela, el multiusos de Sar

Para los jugadores es como un seguro de reparaciones operativo las 24 horas del día


El veterano Chagoyen puso a Fran Grela, delegado del Monbus Obradoiro, el apelativo de Mr Wolf, por el personaje de Pulp Fiction que se presentaba a sí mismo como alguien que «soluciona problemas». Matt Thomas, hace dos años, lo rebautizó como Frantastic. Huelgan más explicaciones para entender las funciones que asume, más allá de las propias del asistente encargado de ir tomando nota de las estadísticas durante el partido.

Llegó al club el primer año de Moncho Fernández, en la temporada del ascenso. Fue un reencuentro, porque cuando eran unos adolescentes ya coincidieron los dos en el Pontepedriña, el primer equipo que dirigió el Alquimista. «Saltábamos la valla para ir a entrenar», recuerda. Y también tiene nítida en la memoria como empezó aquella aventura: «Realmente soy entrenador de fútbol sala. Nos lio para que fuésemos a hacer las pruebas del baloncesto. Y a los cinco minutos ya me dijo que mejor me pusiese a su lado y tomase notas». Después también coincidieron en La Salle y en A Estrada.

Llevaba años sin hacer una plantilla cuando lo volvió a reclutar. Y no notó el óxido: «Es como andar en bici, no se olvida».

Pero su cometido va bastante más allá: «La labor principal es la de apoyo al jugador. Normalmente, soy la primera cara que ven. Los voy a recoger al aeropuerto, me encargo de que todo esté en orden en los pisos, de que tengan Internet, de comentarles cosas sobre la ciudad...». Después de ese primer día llega el día a día y su teléfono «está encendido las 24 horas» para atender cualquier problema que pueda surgir y en cualquier momento. «De lo que se trata es de que solo piensen en el baloncesto», resume Grela.

A veces las peticiones no dejan de ser variopintas. Recuerda una de Aleks Maric, el pívot que llegó dos veces con el curso ya empezado: «Regresamos un domingo a las ocho de la tarde. Se iba a su casa a descansar. Y me llamó para ver dónde conseguir que le llevasen pulpo y vino como el que ponen en las ferias». Pudo cenar lo que pretendía.

A Minnerath lo tuvo que sacar del susto: «Venía de Detroit, una ciudad complicada. Llegó coincidiendo con las fiestas de Conxo y cuando empezaron las bombas de palenque me llamó para ver qué pasaba, por qué había explosiones en la ciudad, qué si estábamos a salvo».

Si tuviese que elegir al jugador más bromista de estos casi diez años en el club, apunta dos nombres: «Mike Daum y Chagoyen». El más serio, «Martins Laksa». El más ordenado en el vestuario, «Corbacho, muy organizado». Y el más despistado, «Berzins. Casi pierde el avión el día que se fue. Lo fui a buscar para acercarlo al aeropuerto y no había empezado a hacer el equipaje».

El bienestar de las mascotas

El solucionador de problemas de la plantilla guarda una relación especial con los jugadores que vienen con sus mascotas: «Enseguida empatizo con ellos. Soy animalista convencido y sé lo importante que son para ellos. Haris (Giannopoulos) vino desde Grecia primero en barco y después en coche, porque no quería meter a su perro en el avión».

Son unos cuantos los que se trajeron sus mascotas a Compostela. Entre otros, Pavel Pumprla, Calioaro, Tyler Haws, Rafa Luz, Santi Yusta, esta temporada Dejan Kravic... «Mi mujer y yo vivimos en una casa con finca, y alguna vez nos quedamos con los perros un fin de semana, si no tenían con quien dejarlos», comenta.

Fran Grela también tiene fama de manitas. No hay más que ver cómo está acondicionado el vestuario para dar fe de ello, si bien advierte de que en los trabajos también hay que apuntar «la mano de muchos obradoiristas que se prestan a ayudar desinteresadamente». «Los jugadores pasan mucho tiempo allí e intentamos que lo sientan como algo suyo», añade.

Suma cientos de vivencias a lo largo de casi dos lustros y no duda cuando se le pide que rescate una, la que más huella le dejó: «El partido de la primera temporada en la ACB ante el Valencia, el que supuso la permanencia. Es algo que nunca antes habíamos conseguido el Obradoiro».

En su caso tuvo un significado especial, porque enlazaba con la célebre eliminatoria ante el Júver Murcia que después dio paso al largo proceso judicial: «Fui a aquel partido con dos tíos míos. Tenía 17 años y ver a aquellos hombres con ojos llorosos me impresionó. Uno de ellos me dijo que no volverían mis ojos a ver jugar al Obra en Primera».

Se equivocó. Los tres estuvieron en Sar en partido ante el Valencia, Fran Grela a pie de pista y sus tíos en la grada. Y volvieron a asomar las lágrimas, pero de otro signo.

Si la elección se extendiese a una temporada completa, se queda con la que coincidió con el rodaje de Little Galicia. Supuso su único paréntesis en casi una década. Alguien que es actor no podría dejar pasar aquella oportunidad. Además, coincidió en una de las campañas más tranquilas desde el punto de vista deportivo. También señala la primera en la ACB, «porque todo era nuevo».

Moncho Fernández, Víctor Pérez y Gonzalo Rodríguez son de Santiago. Lo mismo que Fran Grela. Y quien los firmó para el Obradoiro, Chete Pazo, también. No deja de ser una singularidad más del club.

El delegado constata que desde fuera también hay quien lo percibe así: «Joan Pera, delegado del Herbalife, me comentaba que la percepción que ellos tenían era que un grupo de amigos se dijo en algún momento: vamos a poner un equipo en ACB. Ahí os juntasteis y ahí seguís. Y le dije que sí, que el Obradoiro es Club Amigos Baloncesto».

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