santiago / la voz

Sar bajó el telón del año 2019 exhibiendo su mejor cara, con el cartel de casi lleno, con esa atmósfera que le es tan propia. En Sar se puede rosmar, hay margen para el runrún. Pero no es territorio para reproches. Paladea el baloncesto, tanto los puntos como las defensas. Atruena cuando el equipo lo necesita. Lo volvió a demostrar el sábado, cuando el Estudiantes se acercó a ocho puntos en el último cuarto. Sabe lo que cuesta estar en la ACB. Lo disfruta. Y todo eso les llega a los jugadores.

Una de las canastas de la jornada fue el mate de Kravic entrando como el tren AVE por el callejón del centro, tras recibir un pase de espaldas de Pepe Pozas cuando el partido estaba ya inclinado claramente hacia la orilla del Obradoiro. Pero no fue menos festejada que una defensa del capitán sobre Pressey, mediado el primer cuarto, en la que obligó al base visitante a sacarse el balón de encima, más que a tirar a canasta.

A falta de veinte segundos Moncho Fernández sentó a Pepe Pozas para que la grada premiase su contribución a la victoria. Y así sucedió. Porque Sar no solo se fija en los puntos (solo dos) para calibrar un partido. Y lo mismo puede decirse del jugador, que decía lo siguiente a la conclusión de la contienda: «De lo que más orgulloso estoy es de ver que la gente reconoce el esfuerzo. Estoy súper contento porque creo que es la primera vez que Moncho me cambia para agradecerme el trabajo delante de todos. Ya sabe él que no me hace falta, pero se agradece. A todos. Realmente estoy muy feliz por el partido».

El colectivo antes que el yo

Otro dato es indicativo de que el base estaba más preocupado por los números del equipo que por los suyos. Necesitaba quince créditos de valoración para superar a Kendall y entrar en el top cinco histórico del Obradoiro en esa estadística. Cuando fue preguntado al respecto, todavía no había ojeado la estadística: «No creo que haya llegado a quince, por las pérdidas al principio del partido y por las faltas. No es un objetivo primordial. Como decía antes, lo primero es la victoria».

Pepe Pozas puede hablar con el conocimiento de causa de llevar ya más de un lustro en Compostela. Chris Czerapowicz en cambio, está en su primera temporada en Sar. No deja de destacar la manera de vivir el baloncesto e identificarse con el equipo: «Hicimos una gran defensa y todo el equipo jugó genial. La gente aquí creó una atmósfera de locos, increíble. Nos aporta una energía que siempre ayuda».

El alero sueco termina el año en línea ascendente. Está disfrutando de su etapa en el Obra: «Los entrenadores creen en mí, mis compañeros también, me dan buenos tiros, grandes balones. Jugamos como equipo. Eso es lo importante. En la ACB cada victoria es muy importante, ha habido partidos ganados en la última posesión, también en la prórroga. Estoy muy contento. Empieza un año duro, en el que tenemos que jugar fuerte como lo hicimos ante el Estudiantes y esperemos ganar muchos más».

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La «increíble atmósfera» de Sar