Pesadilla antes de Navidad


Esta columna está basada en hechos reales. Contiene párrafos de extremada dureza que pueden herir la sensibilidad del lector.

No me gustan las Navidades, me pongo histérico, muerdo. Desde que mi mujer dice «hay que vaciar el trastero para hacer sitio» ya es un no parar: las luces de Caballero, el Black Friday, el Ciber Monday, el Sweet December, las January Sales, el February Visa Extract y The Ides of March. Fui a psicólogos, psiquiatras y quimbandas. Fracasaron el yoga y el tai chi. Solo me funciona bien el pilates. Me lo recomendó Juan Picos, un buen amigo que tampoco pasaba por su mejor momento. Si Stanley Kubrick pudiese verme después de una sesión con Poncio, mi instructor, me escogería a mí y no a Jack Nicholson para protagonista de El Resplandor.

Por mucho que Moncho y Fran Camba se empeñen en negarlo, estos partidos valen doble. Sumas y un rival directo no. El primer cuarto terminó 25-16 sobre todo por la diferencia de acierto de los bases y un enorme Brodziansky.

Pero en el segundo cuarto el Betis creció desde la defensa, el Obradoiro perdió acierto exterior y no fue capaz de dar juego a Kravic. En cambio, lo que Betis no encontraba desde la línea de 3 (1/5) lo encontró desde el tiro libre (9/13 por solo 3/4 el Obra) y, bien dirgidos por Oliver, empataron el partido a 36.

Si el segundo cuarto fue un drama, el inicio del tercero fue una tragedia griega de esas en las que los padres se comen a sus hijos y, para uno que queda vivo, lo convierten en piedra. Nueve abajo Moncho se acordó de Cruyff. «Si ellos nos ganan desde la defensa sobre Magee, Brodziansky y Kravic, juego con Navarro, DeZeew y Spires y que defiendan sin tener referencias». Funcionó. Cada ataque era un dolor de película francesa en las que ves crecer la hierba pero, de vez en cuando, terminaba en un triple de David Navarro o un rebote ofensivo de De Zeeuw. En cambio, cada defensa era mejor que la anterior y peor que la siguiente. Betis no era capaz de anotar y el Obra pudo correr y, hasta por un momento, se soltó en ataque mientras Sar vibraba identificado con el enorme esfuerzo de un quinteto muy poco habitual.

Me gusta el olor a prórroga por las mañanas.

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