Obradoiro - Real Madrid: A la fiesta le faltó el final feliz

Espectacular el ambiente que se vivió en el Sar y que puso al todopoderoso Real Madrid contra las cuerdas


En un partido contra uno de los mejores equipos del baloncesto europeo, toca disfrutar de todo lo que rodea al duelo antes incluso de que el colegiado lance el balón al aire. Por lo que pueda pasar.

Llull, el más aplaudido en la previa —o el menos silbado— regalaba saludos a los niños que solicitaban su atención. Un objeto de museo, al igual que Rudy Fernández, aunque el mallorquín gusta menos. Daum regaló un alley-oop al público para finalizar el calentamiento, antes de que el Fontes do Sar comenzase a coger color a velocidad de crucero hasta rozar finalmente el lleno absoluto. Alguna butaca libre. Y ya. Y entre ese color, destacaba el rosa que vistió a jugadores, árbitros y puso el toque en las corbatas de los cuerpos técnicos. Todos en lucha contra el cáncer de mama.

Adrián Ben, héroe gallego del 800 mundial, fue homenajeado antes del inicio. Se llevó los aplausos de todos antes de entonar el Miudiño, siempre un espectáculo para turistas que tuvo más pendiente a Llull de la grada que de la charla de su entrenador.

Empezó el partido. De hecho, empezó dos veces. El marcador no quiso trabajar cuando le tocaba y el pinchadiscos salió al rescate. Tuvo, brevemente, trabajo extra.

La afición acudió preparada para cualquier cosa ante el Real Madrid. Menos para el teatro. Castigó las protestas constantes de los blancos —ayer azules—, premió la entrega de los suyos y, por supuesto, disfrutó las técnicas que le cayeron a Carroll primero y a Laso después. Para Rudy, protestón como siempre, el público reclamaba «¡otra!, ¡otra!».

Ni en los momentos más difíciles abandonó el Sar a su equipo. Kravic se encargó de pagar gran parte de la factura de la luz que mantenía encendida la fe obradoirista. Y el saldo en la cuenta duró hasta casi el final. Cuando Brodziansky anotó el triple que volvió a poner a los de Moncho por delante después de una eternidad, temblaron hasta los empastes con el ruido escupido por la grada.

A punto estuvo el Sar de tener dos fiestas. La de antes y la de después. Faltó poco.

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