Las perspectivas claras

M.G. Reigosa

ANDAR MIUDIÑO

Cada victoria en la Liga Endesa tiene un valor incalculable, mayor todavía cuando se consigue a domicilio. Y llevar nueve a estas alturas de curso puede inducir al error de no calibrar en su justa medida ni los triunfos ni una derrota como la de ayer, en una cancha que siempre es complicada.

Se pueden perder partidos, pero lo que no se debe perder nunca es la perspectiva. Y la del Obradoiro es la de un equipo modesto, diseñado con mucha cabeza pero con poco dinero, para luchar por la permanencia y, si todo sale muy redondo, para soñar con dar más de un susto a los grandes.

En la primera vuelta fueron muy pocos los contratiempos y muchas las satisfacciones, tantas que la clasificación para la Copa del Rey estuvo al alcance de la mano. La segunda vuelta ha arrancado de otra manera, y no por caer en Manresa. Siendo el Obradoiro un equipo bien cosido en todas sus demarcaciones, en gran medida gracias a la polivalencia de varios de sus jugadores, hay una costura en la que asumió más riesgos: la de los bases, con un primer espada muy curtido, Andrés Rodríguez, y dos escuderos que no dejan de ser veinteañeros. Eso sí, con más experiencia de la que su edad indica.