Noelia Canoura, podóloga de la clínica Ribera Polusa en Viveiro: «Generalmente, elegimos muy mal el calzado porque priorizamos la estética»
A MARIÑA
La especialista hace hincapié en cuidar la salud del pie desde la infancia y averiguar cuál es realmente nuestro número de zapato
15 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Noelia Canoura atiende la consulta de Podología en la clínica viveirense Ribera Polusa. Como especialista en su campo, habla de la importancia crucial que tiene un gesto que hacemos cada día: caminar. Los pies necesitan la protección del calzado pero no vale cualquiera. Hay que ser selectivos para entender que la salud es más clave que la estética.
—¿Qué hay que priorizar en el primer calzado, cuando damos nuestros primeros pasos?
—Cuando un bebé empieza a dar sus primeros pasos, la prioridad absoluta es no interferir. El pie del bebé tiene una sensibilidad táctil incluso mayor que la de sus manos. El calzado debe ser una protección, no un soporte. Debe tener una suela muy fina (3 milímetros), ser totalmente flexible y no tener elementos anatómicos (como arcos plantares artificiales). Lo mejor es que el niño esté descalzo el mayor tiempo posible para que los receptores del pie envíen información al cerebro y se desarrolle el equilibrio.
—En la etapa infantil, ¿cuáles son los ‘errores’ que más ve en consulta a la hora de calzar a los niños?
—Lo mas habitual es encontrar niños con tallas inadecuadas, en ocasiones por comprar zapatos más grandes para que 'le duren más', pero sobre todo por aguantar con zapatos pequeños que comprimen los dedos. Se debería revisar como les sienta el calzado que tienen al menos cada dos meses, porque ellos van creciendo y sus pies se acomodan al espacio que tienen sin que necesariamente sientan molestias o lo identifiquen como tal. También el uso de suelas demasiado gruesas o rígidas, esto impide que el pie se mueva de forma natural y se desarrolle de forma adecuada
—¿Qué tipo de problemas se pueden detectar ya de forma temprana en los pies?
—Aunque el pie infantil es muy plástico y muchos 'defectos' se corrigen solos con el crecimiento, se pueden detectar: Marcha intorsus (caminar con las puntas hacia adentro), pies planos valgos patológicos (cuando el arco no se forma debido a una debilidad excesiva o coaliciones óseas), caminar de puntillas (que, si persiste, puede indicar un acortamiento de la cadena posterior o problemas sensoriales).
—¿Cómo se va adecuando el tipo de calzado al crecimiento del pie?
—El zapato debe evolucionar con la actividad del niño: en la fase pre-andante con un calcetín o zapato tipo «feroz» seria suficiente, como protección térmica. Cuando comienza la marcha, suela fina, sin drop (misma altura atrás que adelante) y puntera ancha. Y durante la fase de madurez de la marcha (3-7 años) suelas con algo más de resistencia a la abrasión, pero manteniendo la flexibilidad en los metatarsos.
«Los adolescentes sobre todo suelen vivir en zapatillas de baloncesto o «skate». Esto puede traer consecuencias»
—En la adolescencia, ¿se hace un abuso del calzado deportivo? ¿qué consecuencias puede tener?
—Sí, hay un abuso sistémico. Los adolescentes sobre todo suelen vivir en zapatillas de baloncesto o «skate». Esto puede traer consecuencias como el exceso de sudoración, que puede favorecer a su vez la aparición de hongos o papilomas, falta de estímulo muscular por amortiguaciones excesivas y, a veces, deformidades en los dedos por punteras estrechas en modelos de moda. Además, la excesiva amortiguación puede «atontar» la propiocepción del pie.
—¿Realmente elegimos bien, en general, nuestro calzado o qué es lo que erróneamente priorizamos?
—Generalmente, elegimos muy mal. Tendemos a priorizar la estética, el ‘me gusta’ antes que el ‘me va bien’. Priorizamos que sea de marca, como si fuese sinónimo de salud y bienestar. No tenemos en cuenta que por muy bueno que sea el calzado quizás el modelo elegido no es el adecuado a nuestro tipo de pie. Y una cosa muy importante es que muchos adultos nos empeñamos en un número, yo calzo tal numero desde siempre y el pie no crece. No tenemos en cuenta que cada fabricante talla distinto o que nuestro pie va cambiando a lo largo de nuestra vida igual que nuestro cuerpo, aunque a primera vista no nos parezca tan evidente.
—¿En qué medida, desde el punto de vista de la podología, está usando la población la línea deportiva, más allá de su diseño pensado para caminar, correr, etcétera?
—La tendencia hoy en día, y diré que por suerte para todos pero sobre todo para las mujeres, es buscar la comodidad y la funcionalidad. Arrastramos años de calzado ajustado y rígido, años de 'para presumir hay que sufrir', años de 'ponle calzado ajustado al niño que si no se le va a deformar el pie', 'todo el día en deportivos le va a anchear el pie'... Ideas que a día de hoy sabemos que son erróneas. La linea deportiva, que no el calzado deportivo en si, es tendencia, solo hay que elegir qué calzarnos para cada ocasión. Y para cada etapa.
—-¿Existe el calzado perfecto o ideal?, ¿cuál sería?
—El calzado perfecto es aquel que se adapta a la forma de tu pie y no al revés. Debería respetar la forma del pie, con una puntera ancha que permita expandir los dedos. Debería ser plano, para no alterar la columna, tener sujeción al empeine como cordones o velcros para que el pie no baile dentro, y ser ligeros, que no sientas que llevas lastre. Pero cada pie es un mundo, cada persona tiene sus propias necesidades. El consejo que suelo darles mis pacientes es que 'escuchen”' lo que su pie y su cuerpo les dice, porque a veces lo que nosotros pensamos que está bien, nuestro pie nos dice lo contrario. Y ante la duda, siempre es mejor consultar con un profesional.