Guionista de La Revuelta, presentará este viernes en La Conservera el espectáculo «de un gallego en Madrid»
16 ene 2026 . Actualizado a las 14:02 h.Comenzó a escribir sus primeros monólogos con un amigo mientras estudiaba Biología y a recrearlos «por la voluntad» en salas de A Coruña. Monologuista y guionista de larga trayectoria primero en La Resistencia y después en La Revuelta, Danny Boy-Rivera o David Álvarez González (Ferrol, 1979) actúa este viernes en La Conservera (21.00 horas).
—Está ofreciendo los últimos espectáculos de Stand Up. ¿Qué podrá ver el público que se acerque a La Conservera?
—El show de un gallego emigrado a Madrid. Será una de las últimas veces que hago este monólogo. Estoy preparando otro con la productora y estoy despidiéndome de alguna manera de este texto. Me hace ilusión que sea en Galicia.
—¿A qué temas le gusta sacarles punta en el espectáculo?
—Pues hablo de muchos temas. Hay una parte del monólogo en la que hablo que lo que es ser un gallego en Madrid. También abordo mi trayectoria en La Resistencia y La Revuelta. En lo que me fijo es en cómo va cambiando el mundo. En veinte años ha variado mucho nuestra visión del mundo, y me interesa reírme de cómo éramos antes, pero también darme cuenta de que dentro de dos décadas nos reiremos de cómo somos ahora.
—En el contexto actual, ¿somos más susceptibles ante el humor? ¿Está habiendo un retroceso en ese sentido?
—Vivimos en un momento de bastante polarización y ambos bandos son muy sensibles con sus cosas. Cuando haces los chistes sabes siempre que algún colectivo va a sentirse ofendido. Pero eso no es algo nuevo. Están cambiando los tabúes, y el tabú es irónicamente bueno para la comedia. La gente va a ver un espectáculo de humor para que se hable de lo que no puede decir por miedo a ser juzgada. La risa es una liberación de tensión. Cuanta más tensión tiene un tema, más risa va a sacar.
—¿Cuánto de preparación y cuánto de improvisación hay en sus monólogos?
—Es inevitable, en un espectáculo en vivo, que si algo ocurre en la sala manda la improvisación. Hay que darle juego a lo que pase en ese momento, pero la verdad, no voy a mentir, es que llevo el espectáculo muy preparado.
—Cuenta que si está en La Revuelta es porque a David Broncano le gustó uno de sus monólogos.
—Así es, poco después me llamaron porque supongo que le gustó lo que escribí. Llevo con el equipo desde la segunda temporada de La Resistencia, la primera es la única que me perdí. Soy un perro viejo (risas), porque Elena Pozuelo y yo somos los únicos que permanecemos desde aquella época. Somos unos ocho guionistas «rasos», sin contar con los coordinadores.
—Imagino que es toda una experiencia trabajar en un programa con tan buena acogida, primero en la televisión privada y ahora en la pública.
—Es muy agradable por muchos motivos. David Broncano es bastante abierto sobre el humor que le gusta, no hay ningún tema tabú. Después, es maravilloso tener un jefe que nunca está, porque él llega justo para hacer el programa y se va (risas).
—¿Están especializados en distintos momentos o secciones del programa?
—Hacemos todos de todo, ya que trabajamos bastante en grupo, pero estamos sobre todo para los juegos que hacemos con los invitados y las secciones de Jorge Ponce.
—¿Cuál es la clave de su éxito, de esa frescura que transmite el programa?
—Nos han posicionado como rivales de El Hormiguero, pero si realmente lo ves, el nuestro no es un programa político, trata de la vida. El éxito ha sido mantener esa frescura y encajar con los formatos de los jóvenes en las redes sociales, no estar demasiado encorsetados. El programa se ve más caótico y por ello distinto.
—Imagino que detrás de esa sensación de «caos controlado» hay mucho trabajo detrás. ¿Qué se les pide?
—Para mí no hay mejor piropo que cuando dices que eres guionista de La Revuelta y te responden: «No sabía que había guion» (risas). Significa que lo que se ve por la tele es muy orgánico. David Broncano y Jorge Ponce son muy exigentes, nos piden evitar formatos antiguos. La sociedad cambia rápido y nosotros con ella. Cuando encadenas programas que no funcionan sí existe una cierta presión, pero trabajamos en equipo y confían mucho en nosotros. Ricardo Castella nos dijo una vez algo así: «Esta propuesta, si la hacemos, nos cancelan el programa, pero quiero que nos sigáis mandando propuestas como esta». Con jefes así trabajar es agradable, no te coartan.
—¿Tiene algún momento preferido del programa, icónico?
—El día en el que salí en televisión con Jorge Ponce, totalmente en pelotas y pintado en color croma para exponer las ondas gravitatorias, estuvo muy bien, y también enseñar mi culo a toda España para explicar lo que es un agujero negro (risas).
—¿Con cuál de las dos facetas se queda: escribir para otros o contar sus chistes en público?
—La comedia me encanta, sobre todo la cercanía de las salas, y por ella empecé en este mundo, pero ser guionista significa tener un sueldo al mes y eso, teniendo un hijo, es bastante guay. Lo de madrugar que antes odiaba ahora me viene bastante bien (risas).