San Andrés, la gran fiesta del invierno

A MARIÑA

JORGE GARCIA

22 nov 2025 . Actualizado a las 18:10 h.

Es discutible. Donde se confunden los caminos por lo que caminaban los peregrinos a Compostela o a San Andrés de Teixido no cabo do mundo...  Aquí en mi puerto de San Ciprián y desde el siglo XVII hubo una hospedería hospitalaria de la que hoy se conserva la iglesia. Se lo debemos al presbítero Andrés Varela que de su pecunio construyó para su fundación tal enclave que hay casi parece olvidado, hasta el punto que una damisela justificaba ante unas cámaras de televisión que con motivo de A Maruxaina la pillaron mediante cámara exonerando. Y lo peor es que lo justificaba, no sólo por su derecho a la intimidad, también por considerar que tal rincón en O Porto de Abaixo era el extrarradio, sin mayor importancia.

¡Pues no! Los hospitales que jalonan el camino a la Capelada y su santuario forman parte de las creencias y costumbres cristianas de peregrinar buscando la protección del Apóstol, con visita, oración y colocación de ex votos que fueron hasta maquetas de barcos o figuras en cera para invocar la curación de las dolencias que padecían o padecen devotos y ofrecidos.

La fiesta del último día en noviembre se caracteriza por el mal tiempo, con chubascos, frío invernal y mar arbolada por los vientos mareiros. Era en aquel elegante salón Miramar dónde la orquesta Variedades amenizaba la noche. A veces con interrupciones por los golpes ventosos sobre el frágil tendido eléctrico, motivo para disponer siempre de un generador que suministrara a modo de fuente energética la luz para los bailarines y los miembros de la formación que venía desde A Vila do Landro.

Las orquestas para tal fecha estaban bendecidas por Santa Cecilia que días antes habían celebrado en la hermosa iglesia románica de Santa María del Campo. Píndaros, Dominantes, Picolos, Conjunto Sport, Variedades y tanto profesores como alumnos del Conservatorio de música encabezados por Don Ramón Amor y sus hijos.

En mi puerto, misa y procesión con aquella canción que entonaban las damas con velo y profunda devoción. "San Andrés, San Andresiño/ aquí estamos la devotas somos del puerto de arriba/ dónde cantan las gaviotas..". Después vermú por las cantinas. En aquella temporada fría no había botiquines. Buena comida en la que comenzaba a degustarse algún prematuro cocido y desde luego las carnes de cerdo procedentes de la matanza realizada por María de Miranda el día de San Martiño. La flota estaba amarrada en la ría. Sus patrones acudían al cambio de la marea para comprobar los amarres. Por la mañana alguna lancha motora iba a recoger las nasas. Eran tiempos de langostas, lubrigantes, santiaguiños, nécoras y centollos. Serían puestos a buen recaudo en los viveros y la cetárea a la espera de las Navidades.

Por San Andrés las mocitas estrenaban prendas de punto procedentes del talles que tricotaba con las hermanas Pillado Correa en el Coto. Los caballeros con sus mejores trajes bien planchados. Los músicos con sus uniformes de trabajo. La chavalería desde muy pronto con corbatas.

Hoy todo ha ido desapareciendo. No hay salones de baile. Las orquestas suelen ir disfrazadas. La música la produce la robótica. A San Andrés casi no se le recuerda, salvo para aquellos que solemos desplazarnos hasta Teixido por motivos costumbristas y culturales.