Alcoa, lo que no dice

S.C.

A MARIÑA

PEPA LOSADA

En determinadas ocasiones, sobre todo en circunstancias muy especiales que requieren prudencia, puede ser tanto o más importante lo que no se dice que lo que en realidad se cuenta. Hay que saber leer los silencios y ver cómo encaja cada palabra que parece de explicación difícil o incluso de justificación, como ladrillos que se van encajando en un muro.

Es lo que ocurre con Alcoa en este último tiempo. Eso que el nuevo presidente mundial de la compañía, W. Oplinguer, habla con bastante claridad, es algo que lo caracteriza y es de agradecer aunque a veces no guste el mensaje. 

Desde la multinacional confirmaban ayer, martes, a La Voz que han recibido ofertas de compradores interesados en las plantas de San Cibrao. No vinculantes, que esto es importante. Habrá que esperar hasta avanzado junio para saber a ciencia cierta si hay o no propuestas firmes de compradores. No va a ser fácil. Alcoa lo sabe.

La planta de San Cibrao lleva dos años sin producir aluminio prácticamente y con la refinería al ralentí; ha disminuido la cartera de clientes. Falta la inversión más importante, el horno de ánodos comprometido, fundamental para producir. El tema de la energía -el gran problema, no lo olvidemos- no está resuelto, sigue igual de cara y la tramitación de los parques eólicos avanza muy lentamente, si avanza. La ampliación del embalse de lodos no debiera ser problema al final, seguro que no lo será por parte de la Xunta a pesar de todo, aunque ahora se haya atascado su tramitación. Y está el plan de viabilidad firmado que protege el empleo y exige inversiones y que Alcoa quiere flexibilizar, lo ha pedido, aunque por ahí no lo va a conseguir.  

Consultada ayer al respecto de las exigencias que pretende plantear a los potenciales compradores y sobre si exigirá a un posible comprador la concreción de las inversiones que comprometió en el acuerdo con los trabajadores, Alcoa indica que «solo consideramos efectuar una venta bajo condiciones específicas que permitan una transferencia exitosa del complejo, y que incluya garantías para los trabajadores y para la empresa».

Los actuales responsables de Alcoa están escarmentados con la venta de las fábricas de A Coruña y Avilés que resultó un fiasco y ahora están envueltos en un proceso judicial en la Audiencia Nacional con una investigación aún en marcha. Y Alcoa es una de las partes acusadas. El propio W. Oplinguer así lo dijo en una de sus intervenciones, de ninguna manera quieren caer en esa experiencia.

Ojalá la venta a un comprador solvente se materialice por el bien de los más de mil trabajadores de la empresa matriz y de los 500 de las auxiliares y de sus familias, también por A Mariña, pero ¿hay un comprador solvente que se arriesgue en estas condiciones? ¿Y por qué no volver al principio? A una solución mixta con participación pública, si de verdad hay interés y la producción del aluminio es estratégica para España. La de Alcoa en San Cibrao es la única fábrica.