«Iker siempre tuvo esa magia»

Berodia, compañero de generación de Casillas en el Real Madrid, describe al niño antes de la leyenda

Iker Casillas Fernández se ha retirado tras más de un año inactivo por culpa de un infarto, pero convertido en el portero más laureado de la historia de España. Un Mundial, dos Eurocopas y tres Champions League son los títulos que mejor explican una grandeza adornada por un sinfín de fotogénicas estiradas en el Real Madrid, la selección española y el Oporto.

No obstante, aunque a veces se olvide, tras el éxito hay una persona; un niño que un día imaginó ser gigante. Y tanto voló que la realidad superó con creces lo que un día soñó junto a la generación del 81 en La Fábrica de Valdebebas. Con él fantaseaba futuras gestas en el Santiago Bernabéu Gerardo García Berodia, un ex jugador del Lugo ahora afincado en Barreiros al que un tumor de tobillo apartó de la primera línea de la cantera blanca.

Desde los nueve años y durante un lustro fueron dos de los más prometedores mirlos, compartiendo balón, retos y amistad. «Él iba a entrenar desde Móstoles, que está cerca de mi barrio, así que casi siempre íbamos juntos. Su familia siempre me trató muy bien», explica.

«Para nuestra generación del 81 siempre serás aquel niño, hemos crecido viéndote ganar todo lo que un futbolista puede ganar. Orgullosos de ti. El mejor portero de la historia de nuestro país dice adiós al fútbol», lo despidió en las redes sociales un hombre que creció junto a «un niño normal, muy humilde y tranquilo, aunque sí que de vez en cuando tenía algún vacile».

Las cualidades del galáctico de Móstoles ya se intuían: «Tenía mucha potencia de salto, se le daban muy bien los penaltis... Nos ganaba partidos».

«Tuvo esa pizca de suerte en momentos, pero sobre todo era puro talento»

Incluso hablando de fútbol base, el Real Madrid es la máxima exigencia. «Cada temporada es un examen. Si das el nivel, avanzas, sino te marchas», cuenta Berodia. Con Casillas nunca había dudas: «Cuando éramos niños se veía que si algún día le decían que ya no, iba a ser muy arriba. Todo le fue muy rodado, del cadete A pasó directo al juvenil A, y luego tuvo esa pizca de suerte con la lesión de los porteros para destacar en el primer equipo».

La suerte, no obstante, no es ni mucho menos el factor más determinante en la carrera de este superdotado: «Tuvo esa pizca de suerte en momentos, pero todo lo que consiguió es porque era puro talento y, sobre todo, por los detalles. Los detalles marcan la diferencia, e Iker era determinante».

Y es que por encima de sus 167 internacionalidades, sus quince años con la camiseta del Real Madrid y otros cuatro estirando su carrera y su rendimiento en el Oporto, incluso por encima de una treintena de trofeos, a Casillas se le recordará siempre por los momentos que cambiaron la historia del fútbol español. Por su parada a Robben en la final del Mundial de Sudáfrica, por la tanda de penaltis en los cuartos de final contra Italia en la Eurocopa 2008, o por la Novena, cuando sustituyó a César lesionado y acabó compartiendo la gloria con aquella plástica volea de Zinedine Zidane.

La quinta del 81, una de las mejores en la historia de La Fábrica

Iker Casillas, no obstante, no es el único superdotado de una quinta que hizo mucho ruido. Borja Fernández, Aganzo, Miñambres, Corona, Valdo, Luis García o José Luis Capdevila formaban parte también de un equipo que se proclamó campeón de Europa infantil tras ganar en penaltis al Eintracht de Frankfurt en París.

«Iker ganaba muchas veces esos partidos, pero casi siempre goleábamos. Durante esos años lo ganamos todo, y luego la selección española fue campeona de Europa sub-16 con muchos de nuestra generación», explica un Berodia que fue nombrado mejor jugador de aquella Champions infantil, pero que vio frustrada su progresión porque se pasó tres años lesionado.

Un curso más tarde de su retirada con el Unión Adarve en Segunda B, el que fuera héroe del Carranza en el ascenso del Lugo al Segunda o mito en la máxima categoría boliviana, no descarta descolgar las botas para jugar en algún equipo de regional en A Mariña. «Soy agente de futbolistas, quiero algo para matar el gusanillo, pero tranquilo, sin grandes desplazamientos», explica el mediapunta, uno de los grandes productos futbolísticos de una generación que todavía mantiene mucho trato: «Tenemos un grupo de WhatsApp y el otro día todos le dimos la enhorabuena a Iker. Hubo bastantes fotos y cachondeo». 

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