Conozca algunos de los cementerios de A Mariña que merece la pena visitar

La emigración dejó una huella profunda en necrópolis como las de Xerdiz, Bravos y Miñotos, en el municipio de Ourol


viveiro / la voz

Hoy, festividad de Todos los Santos, miles de mariñanos se acercarán a los cementerios para llevar flores o visitar las sepulturas de seres queridos. Pero, en la comarca existen muchos que merece la pena visitar en cualquier momento del año por razones que van incluso más allá de lo personal. Es el caso del indiano de Xerdiz, en Ourol, que destaca por la belleza de figuras de Jesús o de la Virgen y sus davocaciones esculpidas en piedra en nichos verticales. «O canteiro fíxoas como se foran mulleres galegas enloitadas e coas mans sobre os xeonllos», resalta un especialista. Este camposanto fue construido en el año 1908 mediante donaciones de emigrantes en Cuba y vecinos, según relató Martín Fernández en la sección Memoria de Mariñáns de estas páginas. De las manos del mismo cantero o de pupilos suyos proceden, casi con total seguridad, según explican distintas fuentes, varias «figuras xeitosas» labradas en otras dos necrópolis de parroquias ourolenses, la de Bravos y la de Miñotos, donde la presencia de la emigración también es una constante.

Lápidas en gallego en los dos de Burela, y crimen de Santa Cruz en O Valadouro

Alumnos del IES Perdouro de Burela realizaron hace más de una década un trabajo sobre el uso del gallego en los cementerios. Los resultados fueron demoledores: de las cerca de 1.500 lápidas que existían en el cementerio viejo de la localidad, solo ocho estaban escritas en la lengua materna de los fallecidos. En la necrópolis nueva, los resultados eran similares. Son lápidas cuyos epitafios en gallego todavía se pueden leer.

Inspiración de una novela

En los camposantos mariñanos también hay algunos recuerdos de la crónica negra. En el de Santa Cruz de O Valadouro, por ejemplo, están enterradas las cuatro víctimas de un escalofriante crimen cometido hace más de 130 años, en 1888, y que fue novelado por el escritor Miguel Vila Pernas en O crime de Santa Cruz do Valadouro. En él fueron asesinados el entonces cura de Santa Cruz, Manuel Neira Murado, y tres criados suyos, Jesús García, Luisa García y María Josefa Gasalla. El móvil fue el robo, y los seis autores fueron condenados a pena de muerte, aunque finalmente cinco de ellos fueron indultados.

Las vistas del de Viveiro y la tumba de un expresidente del Gobierno en el de Ribadeo

Centenares de nichos, tumbas y demás estructuras funerarias conviven en el cementerio municipal de Altamira de Viveiro, uno de los más grandes de la comarca de A Mariña. Sus vistas sobre la ciudad del Landro y en especial sobre la ría y el mar Cantábrico son alabadas por quienes lo conocen, aunque su ubicación, en el inicio de la subida al monte San Roque, hace que sea especialmente batido por el viento y los temporales. En él se encuentran algunos epitafios curiosos, como el que recuerda a cuatro niños que fueron asesinados por su madre en los albores del siglo XX. Uno de los atractivos del cementerio municipal de Ribadeo es que en él se halla la tumba de un expresidente del Gobierno, la de Leopoldo Calvo-Sotelo y Bustelo (1926-2008), Marqués de la Ría de Ribadeo, que decidió ser enterrado en él.

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