«Mi padre empezó a cantar cuando llegó a su Viveiro natal tras el exilio»

Destaca que «fue un niño feliz en Viveiro», donde nació y ayer le recordaron


viveiro / la voz

Constanza Tobío tenía nueve años cuando su padre, el galleguista, escritor y traductor Lois Tobío, visitaba su Viveiro natal por primera vez tras el exilio. Trae al presente aquel episodio: «Yo creo que nunca he visto a mi padre más feliz. Me acuerdo, en el Seat 1400 viniendo desde Santiago... Vienes por la carretera y de repente se ve el mar, de repente se ve la ría. ¡Es espectacular! Me acuerdo que mi padre empezó a cantar. Cantaba muy bien. Nunca lo he visto tan feliz»

-¿Cuándo había sido la última vez que había pisado Galicia?

-Creo que desde 1933 no venía a Galicia. Y estamos hablando de 1963. ¡Habían pasado 30 años!

-Lo recuerda como algo mágico.

-Yo tenía nueve años. Lo único que recuerdo es ver a mi padre feliz y recuerdo un lugar hermosísimo. Y oírle: «¡Es mi pueblo, es mi pueblo!». Muy bonito, sí.

-Actos como el de hoy [por ayer] del Consello da Cultura Galega en Viveiro homenajeándolo hacen justicia por todo lo que él hizo y representó, ¿verdad?

-Yo eso no te lo puedo responder porque yo soy su hija. Entonces, no tengo perspectiva. Te diría que sí, pero no te puedo responder a eso porque no tengo distancia. Es mi padre. Claro que me emociona enormemente y estoy enormemente agradecida a toda esta generación de personas como Xulio, Emilio Ínsua, Carlos Nuevo, Marga Romero... porque todos estos jóvenes entonces fueron muy importantes para mi padre. Realmente, el retorno de los desterrados siempre es difícil. Yo creo que a España y a Galicia el retorno de los republicanos desterranos fue muy difícil, fue muy duro, sobre todo porque es volver a un lugar que no se reconoce. Imagínate, treinta años es muchísimo tiempo siempre y además con una dictadura fascista en medio. Mi padre dejó la Galicia republicana en el 33 y vuelve a Galicia en el 63, en medio de una dictadura y de años de dictadura. El retorno es muy dificil. Y el reecuentro es muy difícil porque la realidad es otra. Yo creo que el reencuentro se produce con contadas personas. Hay una persona clave que es Isaac Díaz Pardo y luego, poco a poco, otros exiliados que fueron retornando, como él, que podían compartir esa experiencia del dificíl retorno. Y después, en un cierto momento, pero ya te estoy hablando de los años 90, empieza a aparecer otra generación de jóvenes que quieren saber, jóvenes que quieren conocer. Y en ese momento fueron muy importantes para mi padre porque le preguntan y le escuchan, por cosas que, creo que mi padre y tantos otros republicanos desterrados, creían que ya pertenecían a un pasado absolutamente olvidado. Y de repente personas como Carlos Nuevo, Emilio Insua, Xan Carballa, Marga Romero... le hacen sentir que su vida tuvo un sentido. Y que sigue teniendo un sentido. Y que aquello por lo que vivieron, lucharon, construyeron en Galicia, en la España republicana, en América, en la emigración, en el exilio, ese riquísimo entramado institucional de los gallegos en la emigración y en el destierro... que todo eso no es mero pasado, que alguien lo recoge. Hay una generación que recoge ese legado, lo asume y lo hace suyo.

-En esta jornada tenía que estar usted. Era una forma de que Lois Tobío estuviera «presente».

-Te agradezco que lo veas así. Tienes razón. Mi perspectiva es otra porque aquí soy «a filla de Tobío». Fíjate, hace 15 años que murió. Por una parte parece muy poco tiempo, por otra parece mucho. En todo caso, fue una vida hermosa a pesar de todo, que tuvo muchos elementos de enorme dureza pero yo creo que su infancia feliz fue algo muy importante. En el primer capítulo de As décadas queda claro, cuando él hablaba de Viveiro, ese mundo de la Pescadería, de las tías, de su padre, de San Francisco... Fue un niño feliz en Viveiro.

-Quizás ese mundo sencillo fue la base de otra vida que hizo ya más compleja con esa trayectoria profesional suya tan diversa.

-Sí, yo creo que era algo que le sostenía. Mi padre, yo creo que tenía esperanza en el ser humano, a pesar de todo. Los años 46-47 fueron años terribles porque frente a la esperanza de los republicanos, de que al terminar la Guerra Mundial caía el franquismo, en el 47 se ve que no; eran años terribles, por una férrea dictadura. Pero a pesar de todo, tenía esperanza en el ser humano y yo creo que tenía que ver con el hecho de haber sido un niño feliz en Viveiro.

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