Ramón Pedrosa, el alfocense que condenó al patíbulo a Mariana Pineda

Los absolutistas lo nombraron juez de Granada, pero acabó desterrado en 1835, con el ascenso de los liberales


Fue uno de los tipos más odiados de la historia de España. Envió al patíbulo en Granada a Mariana Pineda, símbolo de la libertad y de las mujeres libres. Era un trepa -adulaba a los de arriba y machacaba a los de abajo para beneficiarse él- y por semejante hazaña gozó de dádivas algún tiempo. Pero no fue feliz. Vivió 13 años desterrado y murió en Roma en 1848.

Había nacido en el Pazo de A Escoura, en Adelán (Alfoz), un 20 de agosto de 1786. Se llamaba Ramón Pedrosa Andrade. Fue abogado de la Real Audiencia de Galicia y en 1823 los absolutistas lo nombraron Alcalde de Mondoñedo y, dos años después, Alcalde del Crimen (juez) de Granada.

En ese tiempo, en España proliferaban las actividades políticas liberales que eran duramente reprimidas por el absolutismo en el poder. El Ministro que lo nombró, Francisco Calomarde, le impuso dos misiones: una, abrir causa contra el Marqués de Cabriñana y otros masones; y otra, reprimir a todo liberal opuesto al régimen de Fernando VII.

Un plan, una traición

Y las cumplió. A rajatabla, para reunir méritos. Persiguió a los masones y condenó a muerte a Mariana Pineda, una joven noble de 26 años, viuda con dos hijos del también noble Manuel de Peralta y Valte. Se decía que protegía a los liberales y que había ayudado a huir de la cárcel a uno de ellos. Pero era firme y nunca delató a sus correligionarios.

Pedrosa desconfiaba de ella. La espió, la acosó, urdió un plan. Mariana había encargado a dos bordadoras una bandera liberal con la leyenda “Libertad, Igualdad y Ley”. Lo supo por una confidencia de un cura que mantenía relaciones con una de ellas. Así que hizo que llevaran la bandera a su casa y ordenó un registro. Al encontrarla, la acusó de conspiración y la condenó a morir, a garrote vil, un 26 de mayo de 1831.

Tres meses después, le agradecieron los servicios prestados y lo nombraron miembro de la Sala de Alcaldes de Casa y Corte, una especie de Tribunal Supremo del régimen.

Destierro en Filipinas

Poco disfrutó del éxito. Al morir Fernando VII en 1833, su mujer, Cristina, incrementó la participación de los liberales en el poder y apartó, persiguió y detuvo a los que tuvieron responsabilidades políticas en el decenio precedente, la llamada década ominosa.

Pedrosa fue detenido en Adelán, recluido en el castillo de San Antón (A Coruña) y desterrado a Filipinas en 1835. A su regreso en 1843 -como era carlista, no estaba bien visto y tenía miedo de vivir en España- se asentó en París y luego en Roma donde falleció cinco años después.

Su confesor llegó a O Valadouro desde Italia para conocer a su familia y ver donde había nacido “el santo don Ramón”, como con veneración le llamaba. Había dejado 12.000 reales para la Iglesia y para el altar mayor del templo de Adelán en el que ordenó una función anual perpetua el día de San Ramón...

Una hermana dominica en Viveiro y una esposa de Mondoñedo que le mandaba dinero

Juan Pedrosa Saavedra y Manuela Andrade Maldonado vivían en A Escoura y tenían cuatro hijos: Agustina, casada en Lagoa (Alfoz) con Baltasar Santiso Osorio; Tomasa, con Fernando Mosquera; y Josefa, religiosa en Viveiro.

Ramón, el mayor, casó en Mondoñedo con Dominica Miranda Ron, hacendada, que murió en 1847, un año antes que él, exiliado en Roma. Se carteaban a menudo y ella le remitía dinero. Sus dos hijos fallecieron con 12 y 14 años y durante 13 estuvieron sin verse.

Era una mujer muy religiosa. Tenía un oratorio privado y él le enviaba reliquias de San Leoncio, rosarios y objetos bendecidos por el Papa. En su testamento dejó dinero para vestir y calzar a 24 pobres, 12 reales para huérfanos de militares muertos en la Guerra de Independencia y otros para la Iglesia.

Está enterrada en la capilla del Coto de Outeiro (Mondoñedo) y su lápida dice: “Aquí yace Dominica Miranda de Pedrosa, modelo de grandes mujeres. En los trabajos mostróse fuerte, comedida en la gloria. Santa madre, como la de Samuel, como esposa, a Sara parecida. Para el pobre, en extremo compasiva. Piadosa, noble y en su conversación caritativa”.

Él también era integrista y extremista en religión. El párroco de Adelán dice que «asistía a 5 misas siempre arrodillado y por las noches tenía que despegar los calzoncillos de las rodillas con agua caliente y, si le hacían observaciones sobre esa penitencia, decía: «Mejor oir cinco misas de rodillas que estar tres horas con pies y manos clavados en una cruz…».

En 1844 consiguió en Roma del Papa Gregorio XVI el Jubileo de San Ramón, bula que hoy se conserva en el Archivo de Adelán.

De tirano y viejo verde a cristiano recto y ejemplar

martinfvizoso@gmail.com

El romance de Mariana Pineda dice: “¡Oh! Qué día tan triste en Granada,/ que a las piedras hacía llorar/ al ver que Marianita se muere/ en cadalso por no declarar./ Marianita, sentada en su cuarto,/ no paraba de considerar:/ «Si Pedrosa me viera bordando/ la bandera de la Libertad/”.

García Lorca llevó el cantar y a Pedrosa a su drama sobre la heroína liberal. Lo describe como “viejo verde”, “perverso”, “cruel trepador”, de modo similar al de obras sobre ella.

Pero Pedrosa fue objeto también de estudios locales. El primero fue “Breves apuntes biográficos de Ramón Pedrosa Andrade, promotor en Adelán de la devoción de San Ramón Nonnato”, que publicó en 1916 el entonces párroco de Adelán, Manuel Ramos.

Dice que era piadoso, de prestigio y orden, cristiano ejemplar y de rectitud inflexible. Y afirma que “después de morir Fernando VII, de quién fue persona de estricta confianza, fue perseguido y calumniado del modo más grosero por los comuneros españoles que tanto daño y trastornos causaron a España. Siempre los caballeros honrados y religiosos fueron las primeras víctimas de los enemigos del orden y la sociedad”.

Distinta opinión tenía Lence Santar, el cronista mindoniense. El historiador Andrés García Doural halló en el Archivo municipal de Mondoñedo un acta del 1 de enero de 1820 con una anotación de puño y letra del propio Lence que dice: “¡Aquí está el tirano y miserable Pedrosa de La Escoura, en Adelán, el asesino de Mariana Pineda… Dícese que era soberbio, un vicioso y un hipócrita redomado!”.

Los también mindonienses Doural e Isidro Fernández Villalba estudiaron otros aspectos de él y el profesor de la Universidad de Vigo, Martinho Montero Santalha, publicó en Estudios Mindonienses en 2013 un riguroso ensayo sobre su vida y obra.

En él aporta datos, cartas con su esposa y otros documentos que, sin dejar de surrayar el carácter negativo del personaje, dan una visión de Ramón Andrade más humana y víctima de la obediencia debida en el caso del asesinato de Mariana Pineda.

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