Borrell sentó cátedra en Ribadeo

José Francisco Alonso Quelle
José alonso RIBADEO / LA VOZ

A MARIÑA

El exministro socialista también llenó el salón del hotel Voar en la segunda charla de los Foros de Debate

12 nov 2016 . Actualizado a las 10:16 h.

El viernes de la pasada semana el presidente de la comunidad de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, abrió los Foros de Debate de Ribadeo. Revilla, básicamente, habló de Revilla. Ayer tomó su relevo Josep Borrell, europeísta convencido. Y por fin se habló del tema de los foros: Europa, un proyecto común. Revilla llenó el salón del Hotel Voar. Borrell también lo hizo (algo muy significativo), para presentar una sucesión de reflexiones con su tono pausado de catedrático universitario. Reflexiones que uno puede compartir o no, pero que en todo caso merecen la atención y el máximo respeto por venir de una autoridad curtida en el tema, como expresidente del Parlamento Europeo y como uno de los representantes del Parlamento español en el año 2002 en la Convención Europea encargada de elaborar el borrador de la Constitución Europea.

Pocos más autorizados para hablar de Europa que el exministro de Obras Públicas. Borrell fue presentado por Ignacio Samper, director de la Oficina del Parlamento Europeo en España, que fue portavoz de Borrell durante su etapa como presidente del Parlamento Europeo. Lo presentó con un marcado elogio: «Un hombre con discurso propio». Y Borrell tomó la palabra para, en un guiño al auditorio, iniciar su intervención en gallego. Después comenzó su disección de Europa, una Europa en la encrucijada, con amenazas como el terrorismo, la crisis económica o el drama de los flujos migratorios que -dijo- nos recuerdan escenas que parecían olvidadas. Y ahora, además, Trump: «Un salto al vacío». Habló de una Europa envejecida, con cada día menos peso demográfico, que tiene ante si el reto de sobrevivir en el mundo global, ante países emergentes que la superan en población y extensión: «Somos pocos, mayores y muy dependientes. Eso no es receta de futuro».

Pero también una Europa que sigue siendo «una isla feliz», «una excepción: libres, solidarios y prósperos».

La Unión Europea corre el riesgo de olvidar los motivos de su fundación, uno de ellos, consolidar la paz tras la II Guerra Mundial. Los mimbres de aquella Europa original ya no son los actuales. La conciencia de Europa flojea y la UE tiene ante si el reto de sobrevivir: «Y eso solo se logrará con la conciencia clara de que la unión hace la fuerza».