ForSeaDiscovery no halló madera del pecio sin identificar en Viveiro

salvador serantes VIVEIRO / LA VOZ

A MARIÑA

Arqueólogos subacuáticos comprobaron que solo hay restos metálicos

20 jun 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Los investigadores del proyecto internacional ForSeaDiscovery trasladaron ayer su campo de trabajo a A Insua de Area, también en la ría de Viveiro. Los arqueólogos subacuáticos pretendían ver si quedaban restos de madera del casco de un pecio aún sin identificar. No los encontraron, pese a haber excavado el fondo arenoso. Miguel San Claudio, uno de los arqueólogos del equipo, cree que puede ser porque se trata de una zona muy batida por el mar y, por tanto, donde la arena se mueve y deja el buque al merced del oleaje y de los moluscos xilófagos, que comen la madera.

ForSeaDiscovery busca madera en un proyecto dirigido por Ana Crespo, del Centro Superior de Investigaciones Científicas. Analizando el material con el que se construyeron los barcos, tratan de averiguar los flujos comerciales que llevaron a España y a Portugal a conquistar los mares entre los siglos XV y XIX.

Ayer, en A Insua de Area los arqueólogos sí encontraron restos metálicos del barco que naufragó en esa zona. En concreto, cañones que podrían ser del siglo XVI. A Miguel San Claudio le parece que sí, pero aclara que está por confirmar.

Vuelven a la «Magdalena»

Los investigadores de ForSeaDiscovery vuelven hoy y mañana a la zona de Covas donde yacen restos de Magdalena, para extraer muestras de madera de lo que queda del casco de esa fragata.

Oleaje y xilófagos acaban «a marchas forzadas» con restos de la «Magdalena»

Vídeo, fotografías e imágenes en tres dimensiones enriquecieron la charla que ayer ofreció Miguel San Claudio en el Club Náutico Casino de Viveiro, que conmemora su centenario. El público que llenó una sala de esa sociedad escuchó de primera mano las didácticas explicaciones de uno de los arqueólogos subacuáticos que estos días analiza en la ría los restos de la fragata Magdalena, que naufragó en Covas en 1810. Veterano y experto en el estudio del patrimonio sumergido, San Claudio constata que el oleaje y los moluscos xilófagos (gusanos de los barcos) acaban «a marchas forzadas» con ese pecio.

Al menos con el casco de madera, del que estos días han extraído muestras de madera de pino y roble. Si en la década de los ochenta del siglo pasado se conservaba «en buen estado», cubierto y protegido en gran parte por la arena, el cambio de la dinámica de las mareas que amenaza casas y paseo marítimo de Covas ha dejado al descubierto la mayor parte del pecio.

Muchas balas de cañón

Como prueba del «grado de destrucción» de la Magdalena, el investigador Miguel San Claudio explicó ayer que «queda menos de un tercio, y solo la parte inferior del casco». Aún vale para el objetivo del estudio internacional ForSeaDiscovery: analizar la madera para saber dónde se cultivó, dónde se taló y, a partir de ahí, comprender cómo la navegación hizo posible abrir rutas comerciales entre Europa, América y Asia, así como crear vínculos sociales y culturales entre civilizaciones que hasta finales del siglo XV no se conocían.

Los arqueólogos subacuáticos también han comprobado estos días que quedan bloques de hierro grandes, usados como lastre en la Magdalena, y que podría proceder de la fundición de Raimundo Ibáñez en Sargadelos.

Una pareja de aficionados al buceo descubrió los cañones en enero del 2013

El hallazgo de los cañones que ayer investigó ForSeaDiscovery trascendió públicamente por primera vez en enero del 2013, cuando este diario dio cuenta del descubrimiento que hicieron una pareja de viveirenses aficionados al buceo: Noli Rivera y Eduardo Losada. Se los toparon el 24 de agosto del 2012, festividad de San Bartolomé. El arqueólogo subacuático Juan Ignacio Crespo, de Argos Arqueología, apuntaba que esas armas de artillería pesada podrían pertenecer al galeón San Bartolomé. Crespo basa su hipótesis en la documentación que testimonia la pérdida de ese buque en la ría de Viveiro. Habría sucedido en noviembre de 1957. El San Bartolomé formaba parte de la flota 136 de la Armada del Océano, que habían zarpado de A Coruña al mando de Martín Padilla.

Miguel San Claudio coincidía ayer en que «cabe la posibilidad» de que los cañones perteneciesen al San Bartolomé. Ayer estaban más al descubierto que hace casi tres años. No son restos aislados, pues en su entorno hay otros, fosilizados.