viveiro / la voz

Nadie recuerda un mar embravecido como el que ayer golpeó a la comarca. El faro de Pena Burela, que en realidad es una «marca cardinal Este» que indica a los navegantes que deben de pasar por el Este de su ubicación, quedó descabezado y escorado hacia un lado. El oleaje le arrancó de cuajo la especie de balcón que lo coronaba con su linterna. Desde su construcción, en 1959 (dato aportado por el alcalde de la localidad) había resistido.

Burela quedó conmocionado. Nada más producirse el incidente, hacia media tarde, el patrón mayor, Basilio Otero, comunicó el hecho a las autoridades y desde Salvamento Marítimo alertaban a los buques de la situación. El alcalde burelense, por su parte, manifestaba horas después que el director xeral de la Autoridad Portuaria le llamó para comunicarle que iban a actuar para normalizar la situación lo más pronto posible.

El mar alcanzó alturas insospechadas. En Covas las olas igualaban la altura de los edificios más altos e inundó paseos y calles. En Barreiros cortó la carretera de la costa, a la altura de San Miguel, llenándola de piedras; se llevó las dunas en Reinante, las bajadas en Os Picos, reventó el paseo a la altura de la Yenka. En Ribadeo subió hasta la carretera del muelle, saltó espigones. En San Cibrao siguió tirando trozos del muro que ya había sido dañado en el temporal de hace pocos días en Anxuela (San Cibrao) e inundó calles en la zona de A Caosa. En Xove arrasó Esteiro, llevándose todo el material de la escuela de surf de Viveiro y material de los socorristas. En Portocelo, volvió a levantar piedras enormes. En Celeiro inundó la carretera y así un infinito número de incidencias. En los próximos días, si el tiempo da tregua, tocará hacer balance.

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Ni el faro de Burela resistió el oleaje