«Non sei quen ten a culpa, nin me importa, pero isto hai que solucionalo». Un residente en lo que queda del barrio viveirense de O Celeiriño resume así una opinión compartida por el grupo de vecinos que ayer, aprovechando una rueda de prensa del PP, clamó soluciones a un problema que sufren desde hace meses. Poco queda de la parte del antiguo barrio marinero que se desmoronó al iniciarse una excavación para construir un edificio de 37 viviendas, local comercial y dos sótanos para garajes. Quienes habitan las casas que se salvaron están en un entorno hostil, con la obra del edificio paralizada desde hace meses, casas en ruinas y otras semiderruidas para impedir que se desplomasen.
Se sienten «sitiados, aillados», porque el butano, el correo, el pan o los vehículos de emergencias no llegan a sus viviendas. Saben que está pendiente de que el Concello remate un acceso para automóviles desde A Atalaia, pero la obra tarda inmensamente más de lo que quisieran unos vecinos que, en su mayor parte, ya son ancianos.
No todos los vecinos de O Celeiriño que ayer respaldaron la denuncia del PP fueron movilizados por ese partido. Bastó ver que había gente frente al solar para que algunos se acercasen y, al saber de que iba el asunto, contasen cómo «padecemos este peche vergoñento; porque estamos incomunicados». Cuentan que cuando precisan asistencia médica tienen que ser trasladados en sillas de ruedas o camillas porque la ambulancia no llega a sus casas. También se quejan porque «levamos demasiado tempo e así».
Y, como la construcción del edificio continúa sin reanudarse, temen que aún tardarán en recuperar el aspecto y servicios del barrio donde la mayor de ellos ha vivido siempre.