«A veces tengo que sacar el carné para no quedar de farolero con la edad»

Ana F. Cuba O VALADOURO/LA VOZ.

A MARIÑA

El maestro de Recaré ha sobrevivido a muchos de sus alumnos. Con 102 años, sin dolor físico, vive solo?????y sigue??????viajando

29 may 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Tiene 102 años, tres hijos ya jubilados, cinco nietos, cuatro biznietos y uno en camino. Y una pena muy grande, por la pérdida del otro vástago, hace ya dos décadas y, al poco, de su mujer, «la mejor del mundo», Asteria Díaz Cerdeiras, «por el dolor de la muerte del hijo». Eduardo Goás Lorenzo, que nació, creció y siempre ha vivido en Fuente de Vila, en la parroquia de Recaré (O Valadouro), conserva la mirada despierta del chaval que ayudaba a sus padres en la labranza mientras soñaba con seguir los pasos de dos de sus diez hermanos, emigrantes en Cuba.

Hoy, con una fortaleza física extraordinaria y sin ningún dolor físico, este maestro que lleva ya más de 30 años jubilado, aún se emociona al recordar la despedida de los alumnos en el colegio de Ferreira. «Pasé muy mal rato porque los niños de mi curso lloraban, 'que no se nos vaya...'; se les toma mucho cariño». Un profesor de Recaré que había dejado la carrera de cura para dedicarse a la docencia le disuadió de marcharse a América. En un momento en que las cosas no andaban bien por Cuba insistió en que estudiara y persuadió a su padre, que nada deseaba tanto como retener a Eduardo. «No es modestia, pero no me tengo por inteligente; sin embargo, la gente me creía inteligentísimo y por suerte parecía cierto porque en todas las asignaturas tengo sobresaliente».

Un alumno brillante

Estudió Magisterio en Santiago. Cuenta que un profesor, «el señor Moar», le preguntó en un examen cuántas luces tiene el castillo de Pardo de Cela y el espesor de los muros. Nadie, salvo «aquel maestro loco, pero sabio» conocía la respuesta. Al acabar la carrera, el director de la escuela se interesó por el futuro de aquel alumno brillante. «Me dijo 'tú no te vas a meter en una parroquia, tú vas a la escuela de Pedagogía de Madrid y te haces catedrático'. 'Lo tengo que consultar con mi padre, que es quien paga'», cuenta. «Él encantado, no éramos millonarios, pero sí de los más pudientes de la parroquia».

Pero aquella misma semana salieron las oposiciones, logró uno de los mejores números y una plaza a pocos kilómetros de casa, en la escuela de Lagoa. Durante nueve años acudió al aula a caballo: «No había carreteras. Llegué a tener 50 alumnos en una clase, niños y niñas de distintas edades». Y después pasó a la escuela rural de Recaré, hasta que se agrupó a todos los niños de O Valadouro en la concentración, el colegio de Ferreira. «Casi no suspendía a nadie, únicamente que no supiera nada».

La guerra interrumpió su labor docente, que siempre compaginó con el trabajo en el campo, incluso tras la muerte de sus padres, porque le gustaba -«había trigo, maíz..., y ahora nada, solo campos de ganado»- y además «quería estudiar a los cuatro hijos». «Fui obligado, pero fue el mejor tiempo de mi vida, en Asturias. No estuve en el frente, era el jefe del batallón, había un comandante, un teniente y cuatro o cinco sargentos; en el campo mandaban ellos, en el cuartel mandaba yo», relata. Incluso en aquellas circunstancias, recalca, la vida le trató bien.

Un hombre con mucha suerte

«Creo que he sido un individuo de mucha suerte... Ahora solo me queda morir, le pido a Dios, y me lo va a conceder porque me lo concede todo, que me lleve cuando quiera, pero sin pasar dolores ni estar encamado». Mientras, disfruta de su biznieto de año y medio, en los viajes periódicos que realiza a Madrid. Y vuela a Mallorca cada Navidad para estar con su hija, «la mejor enfermera de Baleares».

Su mayor afición ha sido la lectura, ahora algo abandonada porque el ojo izquierdo anda un poco perezoso. Y le gusta mucho el deporte, sobre todo el fútbol, el Real Madrid y el Dépor -«era del Celta pero...»-. También ve la televisión: «Ahora nos fastidiaron porque hay que tirar todo lo que había». Sus hijos le convencieron para que dejara de conducir y el Renault 10 hiberna en el garaje. «Ahora ya no anda el coche tampoco, no tiene gasolina ni tiene nada». Bueno, él sí camina, a diario. Hasta hace poco iba hasta Ferreira. Ahora acompaña a las dos mujeres que se encargan de las tareas domésticas para hacer la compra.

«Hoy se gobierna así así...»

De política habla poco. «Creo que se gobierna así así... Ser soy del PP, pero no sé si lo van a hacer mejor si llegan». «A esta casa vinieron [durante la dictadura] el gobernador civil y el delegado de Primera Enseñanza, que me conocía, para que fuera alcalde de Ferreira. 'No y les voy a decir por qué. Primero, soy maestro y atiendo a los niños, si soy alcalde tengo que perder muchos días; segundo, porque tengo muchos amigos y si soy alcalde los pierdo'». El gobernador soltó una carcajada ante aquellos argumentos irrebatibles.

Los amigos de entonces y muchos de sus alumnos han fallecido: «Muchas veces al acostarme cuento los que murieron en la parroquia y salen más muertos que vivos», relata, con pesar. Sin presumir de longevidad, ni de nada, dice que a veces no le queda más remedio que sacar el carné, «para no quedar de farolero con la edad», como le ocurrió hace poco en Benidorm.