La reconstrucción de la parte de la vivienda que destrozó una hormigonera el 28 de agosto ha comenzado, mientras los propietarios tratan de recuperarse del golpe
11 oct 2009 . Actualizado a las 02:00 h.«O susto aínda ha tardar en pasar». José Antonio Fernández López estaba en la acera de su casa, el número 66 de la plaza do Souto, en San Miguel de Reinante, cuando un camión hormigonera se empotró en la esquina del inmueble. «De ánimo aínda estamos algo fastidiados, eu vin todo, quedoume grabado, deume unha especie de lipotimia e tivéronme que levar ao Hospital de Burela», recuerda junto a su mujer, Edelfina González Martínez, propietarios de la vivienda. «Pareceu que explotara unha bomba, non se cre; 'caeu un avión', dixo miña nai (Teresa Fernández López, que vive con ellos)».
Teresa tiene 86 años y alguna noche, si oye cualquier ruido, se levanta asustada. «Eu durmía coma unha pedra, e agora nada», relata José Antonio. La tarde del 28 de agosto el bar Popeye, fundado por esta familia en 1977, quedó sepultado bajo una montaña de piedras y escombros de más de un metro y medio de alto. Un camión góndola y una enorme grúa retiraron la cuba de hormigón, cargada con 13.000 kilos. Los hijos de José Antonio y Edelfina, Jorge y José Antonio, pasaron aquella primera noche en el piso de unos amigos; y sus padres y su abuela, en vela, en un apartamento que les prestó un vecino.
Los padres y la abuela regresaron a casa al día siguiente. «E seguimos vivindo dentro sempre; agora temos que estar porque a casa está aberta, ao empezar as obras», explica el dueño. La aseguradora del camión se hará cargo de los gastos de la reconstrucción, que ha sido contratada con Construcciones San Miguel de Reinante, «xente de confianza». «Se vén bo tempo creo que non tardarán moito en acabar, hai que subir a parede (de piedra, de unos 90 centímetros de ancho) ata o tellado e cubrir a esquina do tellado que caeu, uns seis metros cadrados», apunta Fernández López.
«Nunca chocara ninguén»
El impacto fue tremendo. Esta familia, muy conocida y apreciada en la localidad, aún vive atenazada por el miedo. «Nunca antes chocara ninguén porque dende a curva ata a casa aínda hai, pero aquela cuba viña cargada de hormigón, que vai dando voltas dentro porque se non solidifícase...». Pese a todo, dan las gracias: «Puido haber moita desgracia personal. Se estivera o bar funcionando había unha matanza. Tiñamos a máquina de sellar quinielas, ultramarinos e bar, que traballaba moi ben porque había de todo». El camión hormigonera destrozó el bar, en el bajo, y la habitación?????situada justo encima, además de una esquina del tejado. Cuando apartaron el vehículo, todo se vino abajo. Antes lograron retirar, «en tempo récord» y con la ayuda de vecinos y Protección Civil, los muebles del dormitorio, electrodomésticos, mercancía y otros enseres del bar. «Doulle as grazas ao pobo e tamén á xente de fóra, traballaron moito para apuntalar a casa e todo, xente en cadea sacando as cousas...».