Las mil disecciones


E s un macarra chic, asegura Boris Izaguirre con convencimiento casi religioso. Un chico malo que gasta mucho dinero en su armario y se pone muy poquita ropa, añade. Es un hortera de bolera, sentencia desde el sofá televisivo Ana Rosa Quintana con más desgana que entusiasmo. En una tertulia mañanera de desayuno tardío o almuerzo madrugador intentan hacer recuento de sus innumerables caprichos inmobiliarios. Su parque móvil provoca una repentina aceleración en un corrillo de sobremesa. Sus conquistas caldean las parrillas veraniegas. Sus pasos ya nunca van solos.

Hilvanando comentarios, rumores y variopintos análisis físicos y psicológicos, los maestros de esgrima que manejan cual florete el mando de la tele quizás hayan deducido que el sujeto sometido a la disección del bisturí rosa es el penúltimo gran hermano de los supervivientes de cualquier Operación Triunfo . O puede que piensen en Coto Matamoros, ese presunto suicida que aguarda pacientemente bajo el sol tailandés a que una combustión espontánea tenga a bien poner fin a su vida. O es probable que por sus cabezas pasara la imagen de Julián Muñoz, un elemento inevitable en cualquier cotilleo estival que se precie, siempre dispuesto a convertirse una vez más en carne de copla para la Pantoja y pasto de exclusivas varias, ya sea desde la cárcel o el chiringuito playero.

Pero fue una autoridad en la materia la que tuvo que aportar su particular definición para desvelar el verdadero intríngulis del personaje en cuestión. Paris Hilton aclaró dudas después de haber ingerido unos miles de euros en vino espumoso con Hollywood y la noche como escenarios cómplices. Es un atleta de verdad, afirmó sin vacilar el gran oráculo de la pijería . Entonces se hizo la luz. Y un chorro cayó a plomo sobre Cristiano Ronaldo.

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