Bacalao y pimentón de primera

A MARIÑA

Casa Gayoso es un negocio con larga historia donde pueden hacer la compra, sellar la quiniela, adquirir una lavadora y, hasta hace poco, comprar el féretro

22 mar 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

En la parroquia de Santo Tomé, enclavada en el hermoso Val de Lourenzá, sigue funcionando Casa Gayoso. Han pasado 84 años desde que la abuela Remedios Baamonde, una mujer de carácter emprendedor que había emigrado a Cuba para enviarle a su esposo Antonio Gayoso el dinero que precisaba para ir construyéndose la casa, retornara de la emigración para hacerse cargo, allá por 1925, del negocio de tejidos de la tía Angelita. Esta fue, en realidad, la precursora de la saga empresarial de los Gayoso.

Cuando el matrimonio se trasladó a la nueva casa, donde hoy siguen instalados estos comerciantes laurentinos, pusieron también taberna. La actividad se fue complementando conforme pasaban los años con el servicio de funeraria, venta de electrodomésticos, piensos y abonos, sal, alimentación, congelados, estanco y apuestas.

Del coñac al chupito

Alfredo, ahora jubilado, afirma bromeando que «nacín dentro de unha botella de coñac». Era la bebida que antaño estaba más de moda y buena prueba de ello es que en el negocio laurentino traían el Fundador y el Osborne por partidas de cincuenta cajas. Hoy la clientela se decanta más por los chupitos, el whisky, las cervezas y el vino.

Pero atrás queda mucha historia. Alfredo recuerda que con siete años acompañaba a su padre a Lugo a comprar la mercancía. Subían los martes y viernes en los coches de Perrís, Palacios y Pedreiras y pasados dos o tres años ya iba solo a por las provisiones. Lo fundamental en un establecimiento, aseguran padre e hija, es comprar bien. Es la garantía para vender a precios competitivos, algo de lo que presumen los Gayoso que, señalan, pueden dar a sus clientes una oferta de precios fabulosos, similares a los de cualquier gran superficie; de ello se preocupan especialmente; pagan casi toda la mercancía al contado y apenas tienen gastos de personal.

Bacalao y pimentón

A lo largo de los años se han labrado una reputación dentro y fuera de Lourenzá. «Temos fama en Foz, Ribadeo, Mondoñedo e arredores polo pimentón e o bacalao», afirma Alfredo Gayoso, puntualizando que por Navidades y Semana Santa venden unas hojas de bacalao de ocho o nueve kilos, importados de Islandia y Noruega que son, «buenas, buenas; o que ven volve».

Con los electrodomésticos también hacen balance positivo: «Teño vendidos sesenta conxeladores nun día», afirma Alfredo, sin contar las televisiones o las lavadoras _estas menos_ que salieron de su establecimiento.

Jubilado Alfredo, al frente del negocio se ha quedado la hija mayor, María Remedios, que comparte algunos de los argumentos e impresiones de su padre; uno de ellos, que el suyo es un trabajo muy sujeto. Ella recuerda a sus progenitores trabajando todos los días, sin cerrar nunca; solamente echaban la persiana los domingos por las tardes, pero solo desde hace unos veinte años hacia acá. Ese día, si es verano, la familia se sube a la furgoneta y se marcha a comer a las playas de San Miguel de Reinante. Pero el objetivo de Remedios, nos cuenta, es hacer festivo también el domingo por la mañana y reservarse unos días para hacer un viajecito de vez en cuando.

Sus otras dos hermanas, Antonieta y Rocío, una de ellas farmacéutica y la otra profesora de inglés, no tienen problema en echar una mano cuando les visitan, aunque ya han tomado un rumbo distinto que Remedios, que antes de quedarse al frente del negocio estudió administrativo. Le vino bien para llevar los números de la empresa que, por cierto, ha permitido a la familia Gayoso, incluida la madre,llevar adelante la vida familiar.