Operarios, voluntarios, miembros de Protección Civil, efectivos de las fuerza del orden y concellos y vecinos arriesgaron su vida luchando contra el temporal
27 ene 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Fue una batalla descompensada, librada por centenares de personas contra las rachas de viento que por momentos superaban los 180 kilómetros por hora. La fuerza del temporal frente al valor de héroes anónimos que superaron con mucho su responsabilidad, que en un ejemplo de valor pusieron a los demás por encima de su seguridad. Operarios de empresas -de Begasa, Telefónica y otras-, de los ayuntamientos, voluntarios, miembros de Protección Civil, fuerzas del orden, vecinos y un largo etcétera de personas que durante la noche del viernes y en las horas que siguieron se volcaron en su batalla contra el temporal.
Nadie esperaba semejante destrozo. Mario Antuña, jefe de Protección Civil de Cervo, vivió en primera persona uno de los momentos más dramáticos. Con él estaban otros compañeros, guardias civiles de Xove, de Tráfico de Burela, vecinos y personal del Concello de Xove. No es exagerado decirlo: todos se jugaron la vida.
El relato da cuenta de lo vivido: «Sobre las nueve de la noche del viernes recibimos la primera llamada. Era de San Cibrao, porque estaban volando unas chapas. Fuimos allí y en cuestión de minutos empezaron a llover las llamadas de todos lados. Cortes de luz, árboles tirados, un árbol que había aplastado dos coches... y a partir de ahí, la locura. Hubo un momento en que se colapsó el teléfono».
«Nos dirigimos al punto donde estaba la patrulla de Tráfico en Xove y a la altura de O Castelo nos cayó delante un árbol. Bajamos a cortarlo y en este momento cayó otro sobre mis dos compañeros. Uno de ellos, Miguel Ángel, el hijo del sargento fallecido, rompió una mano y tuvo un esguince. El otro sufrió un golpe en la espalda. Intentamos subir al camión para refugiarnos y nos cayó otro árbol sobre el camión. Entonces huimos hacia la nave de Muebles Caloto, porque el viento nos impedía avanzar en otra dirección. Solo podíamos ir en paralelo», añadió.
Después recibieron una llamada del 112 que reclamaba el equipo de excarcelación, porque un agente de Tráfico había sido atrapado por un eucalipto. «Estaba a unos 70 metros de nosotros, pero no podíamos avanzar y no nos veíamos. Paramos un turismo y nos llevó hasta allí». Hallaron al sargento herido, fue rescatado y, como continuaban cayendo árboles, se refugiaron hasta que llegó la ambulancia. El sargento Lorenzo Martín Alonso falleció en el hospital.
«Teníamos un eucalipto encima del camión y tuvo que venir una pala del Concello de Xove para quitarlo. Después cogimos el coche y salimos hacia el hospital de Burela, para llevar a los dos compañeros heridos, pero cuando íbamos a la altura de Daián nos cayó otro árbol encima», relata Antuña. «Sabíamos que nos estábamos jugando la vida. Y como nosotros muchísima gente en esas horas en muchos concellos», concluyó.
El peligro sobrevoló durante unas horas A Mariña y solo el esfuerzo y valor en el anonimato de centenares de personas logró que hoy el balance de víctimas y daños no sea mayor. De justicia es reconocerlo.