Una mujer y su hijo quedaron atrapados en un coche al caerles un ciprés encima cuando pasaban por la carretera de Area para intentar llevar al abuelo al hospital
25 ene 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Isabel R. y su hijo Iván han vuelto a nacer. La suya es probablemente la historia más dramática de la dura noche vivida en Celeiro por el ciclón. Sobre las diez y media de la noche cogieron el coche para buscar al abuelo que, desde Xuances (Xove), necesitaba ser evacuado al hospital por una crisis asmática. No pudieron pasar de Viveiro. Se encontraron ya la carretera de Area cortada por los árboles caídos, y al poco de dar la vuelta para buscar otra ruta, un gran árbol cayó encima del Seat Ibiza, dejándolos atrapados durante media hora, hasta que un vecino, Jorge Pernas, escuchó el claxon. «Estiven co teito do coche no meu peito», dijo Iván. Al rescate le sucedió la aventura de la ambulancia para buscar al anciano. Poco después, cuando los guardias civiles y Protección Civil liberaban la vía, sucedió el fatal accidente del sargento.
Celeiro esperaba el vendaval pero nunca pensaron los más viejos que lo que se venía encima era de tal fuerza. A las ocho de la tarde la mayoría ya había reforzado las amarras de sus embarcaciones en el puerto. Una hora más tarde las cajas de botellas del chiringuito del muelle comenzaban a volar, la arena de la playa cubría la carretera y los tejados de casas e instalaciones portuarias saltaban por los aires. Hasta las siete de la mañana no dejó de soplar el viento huracanado, en mitad de chubascos y truenos. El tejado de Emilio, en la rúa Grande, se fue deshaciendo poco a poco, con gran estruendo de las tejas que reptaban por los tejados vecinos y caían a patios y calle.
Sin luz, teléfono, ni televisión o emisiones radiofónicas, el miedo se apoderó de muchos hogares. En la oscuridad apenas se veían algunas luces de quienes trataban de liberar la carretera de los árboles caídos en Cova Fría. El temporal arrasó los del parque, derribó los más antiguos de Lavandeiras y de la vecina Area, cortando las vías.
En el muelle los pesqueros más grandes aguantaron bien, pero los pantalanes de las embarcaciones deportivas rompieron por varios sitios. El flotador de uno de ellos apareció varado en la playa y varias pasarelas o fingers donde atracan las barcas también rompieron, aunque ya estaban debilitados de días anteriores. Faltaron los cabos y muchas sufrieron daños en proas y costados.
En el muelle deportivo de Viveiro uno de los yates más grandes que se encontraba varado en tierra fue derribado y cayó con el mástil encima de otro que también se encontraba en seco. Algunas lanchas más fueron derribadas y, enfrente, los voladizos del edificio comarcal de exposiciones también aparecieron tocados.
El peligro rodeó durante toda la noche a Celeiro. Hubo momentos en que el interior del muelle fue batido por una auténtica marejada, y diversas chapas fueron desprendiéndose de las instalaciones portuarias. Tanto de la propia lonja, como de la nave de redes, que perdió el techo. Fue desgajándose y derribando o doblando las farolas a cientos de metros al otro lado de la carretera. Hubo derrumbamientos en la vía a Viveiro, que provocaron el corte de un carril.
Dos grandes puertas de otra nave en el muelle antiguo se desplomaron y la caseta de la zona donde se organizan las cajas de pescados, desapareció. Sus restos estaban en el parque de Lavandeiras y las cajas rompieron vallas. Los daños en camiones y en los vehículos aparcados en las calles también fueron cuantiosos, sobre todo en el muy expuesto barrio de la Atalaia. Las antenas, cables y mobiliario urbano aparecían esparcidos por todas las calles.
En los alrededores los desperfectos fueron cuantiosos. Chalés de Area perdieron parte del tejado y chimeneas. Grandes árboles mantuvieron cortada la carretera a Faro hasta primeras horas de la tarde. Y hacia Xove las vías eran una selva de troncos derribados. En el polígono voló el tejado de una empresa de muebles. En la boca de la ría, a la altura de la Coelleira y la playa de San Román varios mercantes habían fondeado para poner proa al temporal.
Los marineros más veteranos de Celeiro no recuerdan un ventarrón tan fuerte. Antón de Teixeira, que naufragó y salvó la vida durante la galerna del Cantábrico en 1961, aseguraba que lo de ayer fue mucho peor que el huracán Hortensia (1966). Por algo los vascos habían llevado esta vez sus barcos de Bermeo al interior de la ría de Bilbao y tapiaron los edificios de la Concha, en San Sebastián.