Jaime Costa, médico retirado, gestionó los teléfonos públicos siendo alcalde de Xermade y negoció la implantación de Alcoa en su etapa de regidor de Cervo
31 may 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Jaime Costa Rodríguez, natural de Lourenzá y residente en Burela, ha entregado parte de su vida a la política y a la medicina. A sus 85 años disfruta del sosiego de la jubilación tras ejercer durante 40 años como médico, con el recuerdo puesto en sus años de alcalde de Cervo, cargo que ostentó después de ser mandatario en Xermade. Fue en este último concello donde logró su primer destino como facultativo, después de haber pasado por la universidad compostelana: «Había dos vacantes, una en A Fonsagrada y otra en Xermade. Me decanté por la última porque estaba a 50 kilómetros de Ferrol, donde estaba mi novia, hoy mi mujer; a 40 de Lugo, por cuestiones oficiales, y a 45 kilómetros de Lourenzá, donde vivía mi madre».
Una solución práctica para un hombre que en la década de los 50 recorría a pie y en moto las parroquias xermadinas. Con el paso de los años, sus pacientes se convirtieron en los ciudadanos para los que tuvo que gobernar durante catorce años. Todavía recuerda cómo defendió la propiedad de montes mancomunados que pretendía repoblar el Patrimonio Forestal y la intervención de Manuel Fraga para lograr los primeros teléfonos públicos.
De su llegada a la alcaldía de Cervo recuerda los ánimos de su predecesor Arcadio Pardiñas, con quien también fue concejal. Fue designado regidor bajo el régimen franquista y después, con Alianza Popular. De su etapa como mandatario cervense recuerda las dificultades a las que tuvo que hacer frente para conseguir que el Hospital da Costa se ubicara definitivamente en Burela. Sus gestiones marcaron los sucesivos trámites para crear este servicio: «Tuve que pelear con Viveiro. Ellos ofrecían el oro y el moro, ofrecían hasta el albergue juvenil para adaptarlo como hospital (..) Yo tenía el apoyo de Ribadeo, Foz, Ferreira, Alfoz, Mondoñedo y otros, y solo Ramón Salgueiro (entonces alcalde viveirense) iba en contra». Costa mantiene todavía muy vivos los recuerdos de aquellas intensas negociaciones, los viajes a Madrid y a la capital lucense, los enfrentamientos localistas: «Yo apalabré los terrenos, pero el alcalde que me sucedió fue el que se encargó de comprarlos. A mí esa paternidad (la del hospital) no se me puede disputar; es un hijo que me salió un poco retrasado. Estaba estudiado para 300 camas y llegó UCD y dijeron 150, fueron reduciendo y hoy se ha quedado pequeño». Inicialmente estaba previsto que el hospital fuera gestionado por la mancomunidad de municipios, una fórmula ya aplicada en otras clínicas similares, como la navarra de Estella. Para justificar la necesidad de este servicio presentó un dosier cargado de documentos y arropado por más de un argumento, como el incremento de la población y los problemas en los largos desplazamientos de los enfermos a Lugo.
Costa ha querido posar para La Voz frente al hospital burelense, un centro que espera que cubra sin problema todas las plazas vacantes de especialistas. Atendiendo a las diferencias de sueldo entre los facultativos de los distintos centros sanitarios españoles, defiende la centralización de competencias para unificar criterios. El ex regidor ha sido protagonista recientemente por la donación a la Biblioteca Municipal de Burela de cuarenta tomos del anuario de la editorial Difusora Internacional, que abarcan desde 1993 a 2003.