Parte de los vecinos de Aquilino Iglesia Alvariño ven con recelo la llegada de más familias gitanas a un barrio en el que residen bastantes desde hace casi dos décadas
20 may 2008 . Actualizado a las 10:58 h.Hace unos veinte años que llegaron al entorno de Lamas de Prado las primeras familias gitanas. En breve, podrían instalarse varias más en las 16 viviendas de promoción pública recién edificadas en la calle Poeta Aquilino Iglesia Alvariño. Bajo una aparente calma, el vecindario está dividido: si cabe, más que nunca. Desde las farmacéuticas que declaran que «a veces son más problemáticos los payos que los gitanos», a los vecinos que afirman rotundos: «Que non nos manden a máis, que xa temos dabondo»; y se preguntan por qué no hay gitanos viviendo en la Praza Maior, en la avenida de Madrid o en Campo Castillo, las opiniones varían de un extremo a otro.
Cinco palabras asomaban ayer de muchos labios: «Yo no soy racista, pero...». Como explicaron Antonio y Jose, ese «pero» habla de basura fuera de los contenedores, de chatarra «tirada» en la zona de Abella, de caballos y ponis que pastan en descampados cercanos y van a beber a la fuente de O Castiñeiro, de turismos y furgonetas aparcadas en medio de la carretera, de trapicheos de droga a medianoche o a mediodía... «E non lles digas nada porque son eles os xefes», advirtió otro vecino.
Para otros, en cambio, el panorama en esta zona de Lugo dista bastante de ser tan gris. «No meu edificio vive unha xitana soa e non hai ningún problema», afirmó una mujer de mediana edad. «No tengo ningún problema con ellos. No hace mucho que abrí la tienda, pero vienen a comprar como otro cualquier otro», subrayó Noelia, encargada del ultramarinos A Despensiña de Noe. Fuera del establecimiento, un viandante apostilló: «O importante é non fiar». «Hainos que son bos, pero o problema é o que arrastran. Hai anos esta rúa metía medo, cunha chea de cabalos aí detrás... O parque que fixo o alcalde, daba gloria velo e mira agora como está», sostuvo.
Respeto a los vecinos
«A los vecinos hay que respetarlos y los gitanos que vengan para esos pisos tienen que hacer un esfuerzo para adaptarse. Aquí no se puede tener la música encendida hasta las tres de la mañana». Son palabras de Eduardo Cortiñas. Este peón de obra, de 21 años, lleva viviendo en Poeta Aquilino Iglesia 14 años. Estudió en el colegio Casás y en el instituto Leiras Pulpeiro.
El joven -tiene un hijo, Lolo, de 4 años- lamenta «la fama del gitano». «Somos personas como esta señora, como este señor y entre nosotros hay de todo, como entre los payos», agregó. «Problemas con ellos directamente no tenemos, pero tienen sus costumbres», declaró Miro. «Convivir e mesmo saúdalos, ben, pero alternar con eles non», añadió Jose.