Madrugar un domingo es un ejercicio de democracia; lo dicen los demagogos y lo ratifica todo aquel que dedica 16 horas a una jornada electoral. La dieta de 60 euros que abona el Estado costea el madrugón de las ocho, no te libra de la burocracia de las actas y el estar detrás de una mesa contra viento y marea (el presidente y los vocales que no se presenten incurren en una pena de privación de libertad de 14 a 30 días y una multa de dos a diez meses). Obligaciones aparte, el colegio electoral del barrio de Marzán (en Foz), con un censo de 407 electores, batió todas las estadísticas, con una participación del 80,5%.
La campaña caló hondo y, como es costumbre, tampoco faltaron a su cita on las urnas al menos dos vecinos nacidos en el año 1910. Algunos recordarán el 9-M porque se estrenaron como votantes, porque esquivaron el sufragio del Senado o, simplemente, porque el "furor" de la jornada les impedía aguardar hasta las nueve para depositar la papeleta en una mesa íntegramente femenina (una presidenta y dos vocales).
Además de supervisar las votaciones, atender consultas, comprobar censos y firmar una y mil actas, todavía queda tiempo para conversar, apurar un café y estar al tanto de las incidencias que se registran en otras mesas del municipio. Estas noticias llegan con las visitas de los apoderados. En una mesa toda la información se comparte, desde los resultados de otros comicios, hasta el recuento final del sufragio. Incluso llegamos a enterarnos de qué partido tiene las cuotas de afiliación más altas.
La tónica general se repitió en esta mesa, donde la mayoría de los votantes acudieron a mediodía y a media tarde. Muchos lo hicieron en familia, acompañados incluso por los más pequeños de la casa, aquellos por los que sus padres se repiensan el voto y los preferidos por los políticos para la foto emotiva, la que apela a la emoción.
Sin las anécdotas y los interventores buena parte de la jornada electoral sería aburrida, limitada al trámite. La tensión que los candidatos exteriorizan durante toda la campaña solo llega con el recuento; a los votos emitidos hay que sumar los que llegan por correo y las papeletas de los interventores y de los miembros de la mesa. Primero, el recuento del Congreso, más rápido y menos complicado que el del Senado; a la Cámara Alta se vota al candidato. Agentes de la Guardia Civil, que han realizado varias visitas a lo largo del día, y personal de Correos aguarda el veredicto de las urnas. También un representante de la Administración, que ha de informar cuanto antes del resultado para centralizar datos en Madrid.
Todos quieren ganar
Es el momento más agitado; comienzan las llamadas desde las sedes de los partidos, quieren saber si la victoria está de su lado, pero no hay suerte. El escrutinio no ha terminado; el PSOE y el PP se reparten los últimos votos en una carrera que finalmente concluye con el socialista Luis Ángel Lago Lage como el senador más votado (119 sufragios), seguido a escasa distancia por José Manuel Barreiro (PP), con 117. En las filas del BNG, Neves Cando recibió en este barrio 71 apoyos. La polarizada campaña nacional dio sus frutos en el resultado al Congreso: Zapatero también venció en la mesa de Marzán, donde el PSOE logró 132 votos; el PP, 128 y el BNG, 57.