Los guardianes de los muelles

A MARIÑA

La Autoridad Portuaria Ferrol-San Cibrao dispone en la actualidad de cuarenta agentes que se ocupan de garantizar la seguridad ejecutando múltiples tareas

03 feb 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

El 19 de octubre de 1869 el director general de Obras Públicas, Agricultura, Industria y Comercio hacía constar en un documento que el ingeniero de cada puerto propondría a los guardamuelles que, posteriormente, serían nombrados por el gobernador de la provincia. Tenían preferencia aquellas personas que habían servido en la Marina y los licenciados del Ejército y Guardia Civil.

Aunque todo apunta a que este oficio ya se ejercía con anterioridad, ese fue el germen de lo que hoy es la Policía Portuaria. Su misión genérica es realizar el control y vigilancia de la zona de servicio de la Autoridad Portuaria y de las operaciones marítimas y terrestres relacionadas con el tráfico marítimo. Detrás de ese encargo se esconden numerosas funciones. Entre las principales destacan, por ejemplo, el control de los accesos, velar por la seguridad de empleados, usuarios, pasajeros y mercancías, controlar la circulación de vehículos en la zona portuaria, fiscalizar todas las operaciones y servicios marítimo-terrestres... Son, en definitiva, los guardianes de los muelles.

Pero fue en el 2004 cuando los antaño celadores-guardamuelles pasaron a reforzar su papel como agentes de seguridad. ¿El motivo? La aplicación de las normativas necesarias para el blindaje contra el terrorismo a raíz de la tragedia del 11-S.

Todo lo narrado ha desembocado en que la Autoridad Portuaria Ferrol-San Cibrao disponga en la actualidad de cuarenta agentes que se ocupan de garantizar una completa normalidad las 24 horas de todos y cada uno de los 365 días de los que se compone el año. La cúpula del cuerpo la integran su máximo responsable, Mario Veiga, tres jefes de servicio y siete jefes de equipo que articulan los diferentes turnos en los que se dividen las jornadas. A su disposición, cuatro vehículos y una patrullera que se utiliza solo en ocasiones puntuales, como la entrada de un gasero o de un crucero, por ejemplo.

El núcleo duro

Aunque la actividad de la Policía Portuaria se despliega en cada jornada por toda la zona de servicios, es el Centro de Coordinación de Servicios (CCS) de la dársena interior el núcleo duro del cuerpo. Su cerebro.

Ubicado en la zona de Curuxeiras, el edificio -de amplios ventanales- ofrece la sensación de elevada atalaya sobre las aguas interiores. Pero no es un mirador. Ni mucho menos. De los más avanzados de todo el país, está dotado con la tecnología necesaria para garantizar la seguridad portuaria en las mejores condiciones. El imprescindible radar para controlar las aguas del área se complementa hoy con modernas cartas de navegación informatizadas que proporcionan en todo momento nombre y situación de los buques que transitan por la zona. Se dispone, de este modo, de un mapa en tiempo real de todo lo que está sucediendo en la mar.

Un moderno equipo de cámaras de vigilancia permite también tener todo el puerto controlado a vista de águila. Pero un águila con posibilidad de acercar sus ojos tanto como para identificar una matrícula o un rostro que, si se desea, puede plasmarse en una fotografía prácticamente al segundo.

El responsable de la Policía Portuaria, Mario Veiga, con casi veinte años de experiencia ya a sus espaldas, no duda en calificar la dársena ferrolana como una zona «muy tranquila» si se compara con otras del país. Recuerda que, hasta que hubo que aplicar las restrictivas medidas contra el terrorismo, por la dársena interior se podía «pasear y hasta pescar». Esporádicos altercados de algunas tripulaciones y algún que otro problema como consecuencia de las protestas de los mariscadores son, afortunadamente, los únicos capítulos dignos de resaltar en la historia reciente del puerto ferrolano.

Eso no quita, de todos modos, para que el engranaje se encuentre perfectamente dispuesto para, si es necesario, llegar a suspender todos los accesos al recinto, así como el movimiento de personas y vehículos e, incluso, evacuar totalmente la dársena. El objetivo, no obstante, es que nunca sea necesario.