Ourol también quiere ladrillo

La Voz A.?F.?C. | OUROL

A MARIÑA

Análisis | El bum de la construcción Ningún Concello quiere quedarse al margen de la expansión urbanística y menos aún Ourol, situado a quince minutos de la playa. De momento, se compran casas viejas para rehabilitar

12 sep 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

El ladrillo y el cemento se propagan cada vez más rápido por A Mariña. La vivienda de segunda residencia se ha multiplicado en apenas un par de años. El fenómeno que muchos ambicionan, otros muchos critican y que la Administración autonómica parece al fin empeñada en regular, ha empezado a mirar al interior. Ya hay grúas en O Valadouro. Sin embargo, Ourol, pese a la cercanía de la playa (a menos de quince minutos), parece resistirse. «En el Ayuntamiento estaríamos encantados con que se construyera», confiesa Alejandra Cal Chao, teniente de alcalde (PP). Pero, de momento, a Ourol le falta tirón. De hecho, según la información proporcionada por el Colegio Oficial de Arquitectos de Galicia, entre los años 2000 y 2005, sólo se visaron dos obras. Un proyecto en ciernes La escasísima demanda podría incluso frustrar el único proyecto presentado recientemente para levantar un edificio en Ourol. Y eso a pesar de que los precios (unos mil euros por metro cuadrado) son casi irrisorios en comparación con la media de las poblaciones costeras. Quien llega tarde juega con ventaja si es capaz de aprender la lección de lo que no se debe hacer. Sobran muestras en A Mariña de un urbanismo desmedido y sin control, un modelo que más valdría esquivar. Los foráneos han empezado a descubrir la riqueza paisajística y natural y el magnífico patrimonio arquitectónico de Ourol. Así, en los últimos meses se han adquirido una decena de casas para rehabilitar. Los compradores son, casi todos, madrileños. La oferta de viviendas abandonadas en parroquias como Miñotos, Merille o San Pantaleón resulta muy atractiva para los veraneantes, pues los precios casi son ridículos. Y el entorno, comentan algunos, «es un paraíso por descubrir». La población local envejece y escapa hacia Viveiro, y los foráneos comienzan a mirar, aunque tímidamente, hacia este municipio. La partida apenas ha empezado pero ya hay cartas para barajar.