Los inmigrantes se asientan en Burela

La Voz Y. G. | BURELA

A MARIÑA

Reportaje | Las reagrupaciones familiares se multiplican

29 abr 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

?ntonina Semedo se llevó hace escasos días una de las mayores alegrías de su vida. La experiencia está a flor de piel. La vuelta a Cabo Verde. El reencuentro con los suyos. Entrar de nuevo en su casa de Porto Mosquito. Rezarle allí a la virgen de Cabo Verde y la Virxe do Carme. Nunca les faltan velas. Saludar a vecinos que no veía en 28 años. Ha pasado todo ese tiempo desde que dejó su país y se afincó en Cangas de Foz. La última vez que viajó a su tierra natal, hace 16, fue triste. El motivo era el fallecimiento de su padre. A tantos kilómetros de distancia y con mar por medio viven hoy su madre, sus hermanos, varias tías. Les echa de menos. Aquí están sus hijos, gallegos ya de nacimiento, y su marido. Las historias de la inmigración son sobre todo historias familiares. Si el fenómeno crece en A Mariña como en otras comarcas, es lógico pensar que las reagrupaciones sigan la misma tendencia. Y así lo confirman los datos. Las solicitudes de los extranjeros afincados en Burela para traer a los suyos se duplica cada año. Esta es la estadística que maneja el Programa de Atención á Inmigración del Concello de Burela. La vista atrás es muy ilustrativa. En el 2003 se presentaron 5. En el 2004 fueron 12, subiendo un 140%. Y en el 2005, 27; en porcentaje un 125% más que el año anterior. Y en los cuatro meses del actual van tantas como las totales de hace dos años, es decir, doce. En el período de marzo del 2005 a marzo del 2006 sumaron 33, de las que 21 las presentaron hombres y 12, mujeres. Por origen, el 54% de los solicitudes son de peruanos, el 24% de caboverdianos, el 15% de colombianos y el 6% de chilenos y de la República Dominicana. La comunidad peruana es ya hoy una de las de mayor presencia entre la población local y destaca, como en su día la caboverdiana, que suma décadas de convivencia. Según fuentes consultadas, los inmigrantes pueden traer a sus padres mayores de 65 años, a sus hijos y a la pareja casada. Los recuerdos del reciente viaje de Antonina a Cabo Verde la emocionan: «Non te imaxinas, foi unha emoción tan grande, cada vez que o recordo... Bótoos de menos... e agora quizáis é peor», dice. Ella fue de las primeras caboverdianas que llegó a la costa lucense. Y de la comunidad peruana, quizás Antonio. Pasó cuatro años solo en Burela y de marea en marea, hasta que finalmente reunió a su familia en el 2004. Es el sueño de muchos inmigrantes, igual que el de volver algún día a su tierra. Como Antonina.