Entrevista | Sor Martina Sendino De toda Galicia, Burela ha sido el destino de la orden italiana Hijas del Divino Celo. Crearon un centro para hijos de familias con problemas. Tres religiosas se entregan día a día a su labor.
23 jun 2005 . Actualizado a las 07:00 h.Recientemente, la congregación, el Concello de Burela y la Fundación A Mariña Occidental presentaron el proyecto para ampliar las plazas y construir un edificio nuevo. El centro se ubica desde el 2002 en una casa alquilada. Una de las monjas enfatizaba que veían a los niños como si fuesen hijos propios. «Es así», corrobora Sor Martina. Ella, Sor Carmen y Sor Avelina, con un equipo de la Xunta y varios colaboradores, les atienden: «Nos dedicamos al 100% a nuestra tarea». -¿Cómo se analizan las solicitudes para entrar? -La trabajadora social del Concello hace un estudio y la Xunta es la que envía la resolución de acogida. Eso nos da mucha libertad. -¿Qué sensación tienen los niños al estar en un centro? -No se sienten diferentes porque ellos eligen el horario del centro. Varios vienen a desayunar. Los mayores, cuando les apetece, salen, van a la biblioteca, una niña va a música... Tienen una vida muy normalizada. Observamos que para ellos es como si fuera una gran familia y que se defienden a capa y espada. Algunos van ya para los tres años. -¿Y el trato con ustedes? -Cuando salen del colegio, a veces se nos tiran al cuello. -¿Cuál cree que es el mejor premio por atenderles? -Sentir una satisfacción inmensa. Nuestra vida se desarrolla en dos ámbitos: uno espiritual, una vida de relación con Dios, y otro material, el carisma, entregarnos a los desfavorecidos. La compensación que recibimos es la labor bien hecha. Si ves que este niño es feliz, te sientes feliz. Es como una madre, cuando ve crecer a sus hijos. -¿Qué les da el centro? -Una característica grande que vemos es la serenidad en sus caras. Aquí llegan, entran, se cambian los zapatos, comen, se lavan los dientes, juegan... Entran en una estructura ordenada, pero no la sienten impuesta. Les da paz. -El centro es para menores de familias con problemas personales o económicos. -Se dan varios cuadros: niños a los que les falta un progenitor, generalmente el padre, y la madre no tiene recurso económico; una separación en la que la familia no puede apoyar; niños de inmigrantes que vienen en una situación muy precaria; o el caso de una familia de venta ambulante en el que no podría ir a la escuela si no viniera aquí (...) El centro es un apoyo al niño y a la familia. -¿Tienen ilusión ante el nuevo proyecto? -El centro actual es muy familiar, muy bonito, pero tiene habitaciones pequeñas, es insuficiente. Ahora tendrá que salir una niña para que entren dos peruanos. -¿En qué otros puntos está la congregación? -Barcelona y Madrid. -¿Cómo ha sido la acogida en Burela? El anterior obispo, monseñor Gea Escolano, tenía claro esa ubicación. -Muy bien. Fue algo como una providencia. Yo estuve en Bolivia. Quería extender la congregación donde hiciera falta (...) Tuvimos una acogida muy cariñosa, de la trabajadora social, de la concejala Raquel Río, de la delegación de Familia, de los vecinos... Nos sentimos a gusto.