Reportaje | Necropsia al rorcual que varó muerto en Tapia Treinta personas practicaron la autopsia al ejemplar en Luarca y le extrajeron toda la carne y la grasa para quedarse con el esqueleto, que en un año se expondrá al público
05 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.?isión cumplida. En unas horas unos treinta colaboradores lograron extraer toda la carne y grasa a la ballena de casi 17 metros de longitud que a principios de semana apareció muerta varada en Tapia de Casariego. El dictamen fue concluyente: el rorcual común murió por un fuerte golpe. El presidente de la Coordinadora para el Estudio y Protección de las Especies Marinas (Cepesma), Luis Laria, respiraba ayer a media tarde satisfecho del trabajo realizado, entre una notable expectación, en el almacén municipal de Luarca, y agradecía la colaboración de los miembros de la Cemma y de la Sociedade Galega de Historia Natural: «No creo que haya en toda España gente mejor para hacer este trabajo», señalaba. «Estos especialistas gallegos son espectaculares. Son los mejores colaboradores posibles; es tremendo como actúan para descarnar el esqueleto. ¡Impresionaba ver a las chicas!», comentaba Luis Laria. Y no lo decía en vano. Los trabajos para extraer la carne y la grasa -hasta más de 25 toneladas- se iniciaron el viernes por la tarde, y el sábado, pasado el mediodía, ya estaban concluidos. Los huesos serán depositados el lunes y el martes en unas urnas con arena calcárea, para eliminar los restos de carne y, según Laria, dentro de un año se podrá exponer el esqueleto al completo en el Aula del Mar de Luarca. Será un aliciente más para visitarlo, que se une a los calamares gigantes existentes. Tras analizar la anatomía exterior de la piel, restos osteológicos, estómagos y otras vísceras, se ha llegado a la conclusión de que la ballena sufrió un golpe severo en la zona dorso-lumbar, lo que le produjo una herida, antes de morir, superior a los seis metros. Como consecuencia del impacto sufrió la fractura de tres vértebras lumbares. También se detectaron cinco fracturas en la última costilla flotante izquierda, que probablemente se produjeron el mismo día del golpe. Además, en el cráneo también tenía varias roturas, así como heridas en el ojo derecho. Laria opina que también pudo haber sufrido el impacto y el corte de una hélice, que le produjo una herida de unos treinta centímetros. Lo que no se ha podido determinar es si la ballena varó en Tapia ya muerta o si lo hizo tras recalar en la villa asturiana.