LA TRIBUNA | O |
14 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.ESTAMOS en una época de cierta efervescencia en la política, también en la municipal. No hay más que ver los periódicos en estas fechas. La acritud que se respira en todo el territorio nacional se refleja en la vida política municipal, que se deja contagiar por ese mismo ambiente. Cualquiera lo puede ver. Esta acritud se alimenta además al estar las elecciones autonómicas relativamente cerca, a pocos meses. Los políticos se dejan llevar por las críticas, las réplicas, y ese barullo dialéctico que a los demás nos importa, francamente, muy poco. Es que no se enteran. No se enteran. Están tan a lo suyo, tan pendientes de la dialéctica más facilona y simple, por no decir incluso en ocasiones ramplona, que no parecen enterarse de que a los ciudadanos lo que realmente nos interesa no son los calificativos que se adjudican unos a otros, sino las obras y los plazos. Y eso parece ser lo de menos. No se enteran, o eso parece, de que lo que queremos, demandamos e incluso exigimos, que para eso pagamos impuestos, son servicios que redunden en la calidad de vida. Que mejoren nuestra calidad de vida. Que se cumplan los plazos. Nada más. Y nada menos.