LA TRIBUNA | O |
04 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.SI LA FORTALEZA de un matrimonio se valora por las crisis que superan juntos, sin duda el pacto de gobierno de Ribadeo tiene una solidez de hormigón. PSOE y BNG conviven en el gobierno ribadense juntos, pero no revueltos. Discuten, discrepan, no se hablan, se cruzan cartas en el semanario local, se amenazan... y llevan el juego de la política, el talante (es decir, el aguante) a cotas que ya quisiera para sí el mismísimo Zapatero. Dos socios de gobierno que apelan a dirigentes externos (un consejero matrimonial) para resolver sus problemas. Llegó Xaime Cancio y abogó por el diálogo, pero ¡vamos!, le va venir Cancio a decir al Bloque como tiene que solucionar sus asuntos. Y así siguen. Como telón de fondo, los polémicos convenios urbanísticos, la inminente clausura de la comisión de investigación por el acoso laboral (el día 10) y, en el horizonte el plan xeral. Ayer en As Catedrais se escenificó la situación del gobierno local: Balbino, el alcalde, al frente; Fernando, el primer teniente de alcalde, en un extremo, y en el otro, José Carlos, el líder de la oposición. Y a todo esto, Ribadeo sigue -sea por herencia, por inercia, por las expectativas de la autovía o por gestión del gobierno local, no es tema de discutir en este artículo- una línea al alza. Balbino y Fernando tienen clara una cosa: que ninguno puede arrojar la toalla. ¿Qué votante se lo perdonaría? De ahí el mensaje con el que a menudo acaban sus disputas: la sociedad ribadense quiso un gobierno progresista. El pacto no se romperá, no lo duden, pero no estaría de más que se templaran gaitas. Un gobierno en minoría siempre es un gobierno débil y esta situación no sé a quien beneficia, pero a Ribadeo, desde luego, no. Como dicen ahora por ahí: señores, un poquito de por favor.