Crónica | El encanto y la tradición de la feria La feria ganadera devolvió a la ciudad una tradición de las pocas que quedan ya, aunque algunos productores sentían nostalgia de la cita y de las ventas de antaño
18 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.El trayecto hacia la Alameda es un laberinto de paraguas. La gente desfila paso a paso. Pero en este día de lluvia y cielo gris no hay más alternativa que participar de esta procesión popular. Dejarse llevar por la corriente. Sin más. Parece una calle sin final. A los lados, los vendedores proclaman a viva voz las excelencias de ajos, calcetines, cuchillos, ollas, útiles de cocina, artesanía africana... y paraguas y paraguas. Todos de oferta. «¡Más barato que en Carrefour, oiga!» se oye a la derecha. Un paisano le escucha. Duda y sonríe. Al final del camino se muestra como nunca la Alameda. Las cocinas trabajan a todo gas bajo la lona. El almuerzo está preparado. Aquí se come pulpo y lacón. El olor a pan también es irresistible. «¡Cabaliños!», exclama un nieto a su abuelo. La feria de ganado también está concurrida, pese a la lluvia. No es del tiempo la queja de los vendedores. «Non se vende moito», confiesa uno de Castroverde, con gesto de insatisfacción. Enumera los precios medios, en pesetas, y espera a la una y media para comer. Una pareja se detiene a admirar un imponente caballo semental. Otro grupo de Lugo vigila su ganado. Balance de ventas, similar. José recuerda As San Lucas de pequeño. Su padre le traía. Venían a pie. «Hoxe hai camións», ríe. Aquí se compraban mulas para Castilla. José es un libro abierto.