Aclaraciones de la maestra

La Voz

A MARIÑA

CARTA AL DIRECTOR | O |

23 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

QUISIERA ACLARAR una serie de aspectos engañosos que los padres han expuesto con claro ánimo malicioso. Si no he acudido los cinco primeros días de clase fue por mandato expreso del inspector de zona que me había ofrecido, en nombre del delegado, una plaza de comisión de servicios en otro colegio. Ofrecimiento que se retiró por impedimentos formales. Las bajas continuas que pedí el curso pasado, nunca fueron por motivos psicológicos sino por problemas de cervicales. Los padres se agarran, en su desconocimiento, a ello, para justificar su conducta, alegando un presunto desorden psíquico. Los padres han alegado que el colegio podría tener veinte alumnos si no fuera por el éxodo a otros centros, éxodo en cuyo origen sitúan mi labor docente. De los cuatro alumnos del año pasado sólo uno ha cambiado de colegio (desconozco los motivos). Los otros tres fueron a Viveiro por iniciar la ESO. Si todas las verdades que cuentan son como ésta, qué criterio tienen sus afirmaciones. En cuanto al colegio de Ourol y a que éste sea desratizado, nunca fue mi cometido. Si los días 22, 23 y 24 de septiembre no acudo a mi puesto de trabajo es por indicación de la delegación, no por irresponsabilidad o negligencia. No es agradable que al ir a trabajar te boicoteen, trastocando la jornada laboral; el ser abucheada por los padres delante de los alumnos (que campan en los aledaños del centro y han llegado a hacer hasta una hoguera). También los dos alumnos que acuden a su jornada laboral han sido increpados por otros escolares. Los padres no están actuando en unanimidad, pese a que así haya sido referido por ellos: dos familias no han dejado de llevar a sus hijos al colegio, con la responsabilidad de estar haciendo lo correcto, pues les sería más cómodo seguir a la mayoría. Los padres de los otros catorce niños empezaron pidiendo mi puesto como directora y, sin otros hechos entre medias, ahora no me admiten ni como profesora ni realizando funciones administrativas. Los padres no son quienes para decir qué función debo realizar ni tampoco para jubilarme. Su presión la dirigen al delegado para que decida lo que ellos desean. Ven inadmisible una solución distinta a la que proponen. Presumen de que el delegado actúa con ánimo de cerrar el colegio y lo manifiestan como algo irrefutable. Ante tanto despropósito, me pregunto, ¿una trabajadora no tiene ningún derecho? ¿Los sindicatos velan por los derechos de los trabajadores? Marina Gallego López.