TIRO LIBRE | O |
15 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.EL DOMINGO, después del quinto partido de la final de la Liga ACB, un amigo me envió un mensaje: «La ovación del Palau al Estudiantes, emocionante». Sin olvidar las emociones personales en un asunto tan sensible como el equipo favorito de un determinado deporte, también resulta interesante ver que el baloncesto no es ya aquel deporte de jugadores de Madrid o de Cataluña que los chavales de A Mariña seguíamos por televisión. Veinte años después de la inolvidable medalla de plata de Los Ángeles, es muy conveniente recordar que al campus de Ribadeo asistieron un entrenador que había ganado la liga y un seleccionador nacional. Sólo cabe desear que esa presencia de figuras de primer nivel se refleje en una mayor afición al baloncesto, compatible, faltaría más, con la pasión por otros deportes. Pero tan importante como el aumento de la afición por ese deporte sería la difusión del espíritu del Estudiantes, que canta su afición en los momentos de alegría: «Somos un equipo de patio de colegio». Ganemos y perdamos, pues, con naturalidad, como en el colegio.