A fondo | Rehabilitaciones para usos industriales en Viveiro La falta de espacio para el trabajo diario implica el traslado de Regal Cerámica
15 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.Decir que los cascos históricos necesitan habitantes y actividad para no verse convertidos en museos cuya animación decrece a medida que se pone el sol ya es casi un tópico. Políticos de un signo y de otro se afanan en demostrar que sus cascos históricos tienen vida o están en fase de reanimación. Es relativamente frecuente que en los últimos años se hayan rehabilitado edificios destinados a convertirse en museos, lo que ha dado lugar a proyectos casi tan famosos por la firma de su diseñador como por el fin que se buscaba en el inmueble. Lo que ya no es tan habitual es que un complejo de edificios se rehabiliten para una actividad económica vinculada con la industria, lo que da más singularidad a una operación como la prevista en A Xunqueira (Viveiro). Detrás de la iniciativa está un empresario que quizá podría relacionarse con las ansias rehabilitadoras mencionadas en el primer párrafo: Alfonso Otero Regal abrió un taller de cerámica en el casco antiguo de Viveiro, muy cerca de A Porta da vila, hace unos veinte años, cuando lo que imperaba era trasladar residencias y negocios a nuevos edificios. La medida puede verse como pionera, pero choca con una realidad implacable. Las instalaciones se han quedado pequeñas, según reconocía anteayer Alfonso Otero Regal al presentar el proyecto ideado para sustituirlas por otras no menos pioneras. La fábrica actual ocupa unos 500 metros cuadrados, superficie en la que se distribuyen los talleres, las oficinas, los hornos y los almacenes. El espacio ha desempeñado su papel, pero resulta insuficiente para los nuevos proyectos de la empresa, que tiene una plantilla formada por siete trabajadoras. Un reto difícil El aumento de la producción y la apertura de la factoría a usos culturales, con espacios dedicados a exposición e investigación, requerían un nuevo emplazamiento. Visto desde fuera, el reto parece difícil y podría resolverse con la construcción de nuevas instalaciones. Pero la compra de una finca como la situada en A Xunqueira (Viveiro), con 2.000 metros cuadrados de extensión y un conjunto de pequeños edificios, ha puesto a Otero Regal ante una nueva experiencia de rehabilitación. Si hace veinte años no abundaban las restauraciones en cascos históricos, tampoco abundan hoy las recuperaciones de enclaves industriales en desuso. Sólo falta por saber si esta singular experiencia llegará más imitadores.