LA TRIBUNA | O |
29 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.LA IDEA DE los juicios rápidos es buena. A cualquier ciudadano, tenga o no cuentas pendientes con la Justicia, le agradará la idea de solventar esos asuntos cuanto antes. Esperar años por una sentencia es ya en sí una pena inhumana y en este sentido hay que agradecer la reforma realizada. Esto, sin entrar a valorar el aspecto pedagógico que pueda conllevar el hecho de que un delito se castigue con prontitud y el efecto disuasorio que ello pueda tener sobre el delincuente o el efecto tranquilizante que se supone surte sobre la víctima o sobre la sociedad en general. Pero es que da la impresión que nunca se hacen las cosas completas. Aún no había entrado en vigor la reforma ya ya surgían voces críticas. Y no me refiero al enfrentamiento que mantienen el fiscal jefe de Madrid y el ministro de Justicia, sino a la preocupación que sienten los profesionales por la falta de medios, o muchos agentes policiales por la inseguridad que les genera el hecho de tener que llevar la instrucción de los casos. ¿Es suficiente el dinero y la preparación que tiene el personal? Los juzgados no están sobrados de personal. ¿Se han preocupado de reforzar las plantillas para atender estos casos? Esta reforma me recuerda a lo ocurrido con la implantación de la Logse. Al final el profesor de filosofía acababa impartiendo francés y el de gimnasia gallego y de la tecnología vaya usted a saber quien se ocupaba.