Alumnos de siete nacionalidades, distintas razas y religiones comparten las clases del IES Monte Castelo Los estudiantes mantienen viva la diversidad cultural frente a la globalización
30 oct 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Victoria quiere ser peluquera -«he aprendido a hacer las trenzas con mi madre»-; Josefa, médico -le gustan, sobre todo, las matemáticas-; Claudino, gestor empresarial o relaciones públicas -juega en el equipo de fútbol juvenil de Burela-; Mohamed, diseñador gráfico -ya ha participado en la creación de una página web-; y Carlos Fernando, informático o abogado -«siempre defiendo a mis amigos»-. Nada distingue a estos cinco alumnos del IES Monte Castelo de Burela de cualquiera de sus compañeros. Sus inquietudes son idénticas. A todos les entusiasma la música, salir con sus amigos, ver la televisión, Operación Triunfo , jugar al fútbol, la natación o el baloncesto, chatear o navegar por Internet. A la mayoría le apasiona los viajes y le gustaría conocer otros países, otras lenguas y otras culturas. Su rendimiento académico y sus aspiraciones personales y profesionales son similares a las del resto de estudiantes del centro, igual que su forma de vestir. En apariencia les distinguen únicamente sus rasgos físicos y, en algún caso, el color de la piel y el tipo de pelo, el acento y la forma de hablar, caracteres por los que también es posible diferenciar a los demás jóvenes que pueblan el centro. Iguales en la diferencia Los caboverdianos Josefa Varela de Brito, Victoria Oliveira Évora (cursan primero de ESO) y Claudino Gomes Pereira (segundo de bachillerato); el jordano Mohamed Salem Hassan (segundo de bachillerato) y el colombiano Carlos Fernando Álvarez Echavarría (tercero de ESO) comparten las aulas del IES Monte Castelo con otros chicos y chicas nacidos y criados en A Mariña, cuyas familias han vivido siempre aquí. Ellos apenas saben del desarraigo que sufren sus padres. Pero, de algún modo, reivindican su singularidad cultural. «Digo que soy de Lugo, pero cuando dices tu nombre y tus apellidos se extrañan, entonces digo que soy jordano de origen palestino y no todos reaccionan igual», comenta Mohamed. Es musulmán, aunque no cumple a rajatabla las prohibiciones del mes de Ramadán ni otros preceptos del Islam. Y vive un conflicto casi permanente entre su educación y sus raíces culturales, que sus padres se esfuerzan en conservar y en inculcarle, y la sociedad en la que se está desarrollando. «Hay cosas que no veo bien como el trato a la mujer. Pero si el día de mañana tengo un hijo no me gustaría verle borracho con 13 ó 14 años en la calle el fin de semana», confiesa sin tapujos. En su casa le ocurre lo mismo que a Josefa, Claudino, Victoria o Carlos. La cultura, las costumbres y la forma de vida de la sociedad burelesa coexisten con las tradiciones familiares. La comida constituye un factor común de diversidad. «Me gusta mucho la cachupa , un cocido de maíz con carne», apunta Claudino. A Mohamed le encanta el mansaf , un plato preparado con arroz, yogur de cabra y cordero, que su madre cocina sobre todo los días de fiesta. Carlos, que llegó de Medellín hace apenas un año, disfruta de los frijoles con panceta y arroz y del plátano verde frito. Todos van a bailar, pero a Carlos se le dan mejor que a nadie el merengue y la salsa. Es experto en geografía y detesta «las oraciones». Internet le sirve para comunicarse con sus amigos y parientes en Colombia y saber cómo van las cosas. «Tengo ganas de ir de vacaciones, pero quiero vivir aquí, no me gusta la violencia», afirma. A Mohamed le inquieta la tragedia palestina y le aterroriza la amenaza de Estados Unidos de desatar la guerra contra Irak. Están a gusto en Burela. Son tolerantes y generosos. Y luchan sin saberlo por ganarle la batalla a la globalización.