LA TRIBUNA
08 oct 2002 . Actualizado a las 07:00 h.HACE POCO escuché decir que en el mundo en que vivimos ya no se puede ser viejo. Pasada la barrera de los cincuenta, poco menos eres que un ser no apto para los ritmos de competitividad y producción que exige la sociedad en la que vivimos, imparable en su desarrollo hacia ni se sabe qué derroteros. Ser viejo es un problema, sin embargo, mientras no nazcan más niños, los suficientes como para permitir un relevo generacional sin traumas, el futuro es de la tercera edad. Y lo saben bien las Administraciones, las fundaciones y otras entidades, públicas y privadas, empeñadas en hacer aquí y allá residencias geriátricas «de lujo» para acoger a la cada vez más anciana población gallega. En A Mariña -y son datos oficiales- se han cifrado en 17.000 el número de habitantes mayores de 65 años. No es una cifra muy elvada si se tiene en cuenta otras comarcas de la provincia. En Galicia hay, al parecer, dos mil personas esperando una plaza de las nuevas residencias. En fin, si uno quiere y es posible, perfecto. Pero, explíquenme cómo podrán acceder a una de estas residencias de lujo con una jubilación de 540,91 euros en el mejor de los casos. Explíquemenlo.