Avalancha blanquiazul en Cantarrana

I. M. B. VIVEIRO

A MARIÑA

XAIME F.RAMALLAL

Cientos de aficionados de toda la comarca animaron al Deportivo en el compromiso de ayer ante el Viveiro

23 jul 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

El Municipal de Cantarrana se convirtió por unas horas en una réplica, a tamaño reducido, del estadio de Riazor, en A Coruña. El Viveiro jugaba en su recinto, teóricamente arropado por sus seguidores, pero no fue más que un convidado de piedra del jolgorio que se montó en torno al Deportivo, que volvió a la ciudad del Landro para continuar su puesta a punto en la pretemporada. Las inmediaciones del estadio viveirense ya estaban inundadas de aficionados, la mayoría muy jóvenes, una hora antes de que comenzara el choque, esperando la llegada del equipo preparado por Javier Irureta. La euforia se desató cuando el autocar asomó por el paseo marítimo y se disparó cuando los futbolistas saltaron al césped, que presentaba unas condiciones impecables. En un abrir y cerrar de ojos casi todos los jugadores deportivistas estaban rodeados de seguidores. Algunos, como Mauro Silva, Makaay, «Toro» Acuña y el meta Molina, decidieron no exponerse al acoso de los «cazautógrafos» y permanecieron en el vestuario hasta el calentamiento. El resto, como casi siempre en Viveiro, resistió con profesionalidad el agobio al que les sometieron los chavales. La escena graciosa de la jornada la protagonizó un joven y confuso aficionado: «Nuno, fírmame en la camiseta», le dijo al joven canterano Dani Mallo. Éste salió del apuro rápidamente: «Soy Dani, ¿te valgo?», le contestó el guardamenta. Hubo algún que otro joven espectador que desveló, en privado eso sí, su sentimientos madridistas. Porque, por haber, había de casi todo. Se vieron camisetas de la selección nacional, de la Juventus de Turín y de otros equipos extranjeros. Pero sobre todo, muchas, muchísimas, elásticas blanquiazules. La de Manuel Pablo -que recibió más ánimos que ninguno de la grada-, la de Valerón, la de Donato y la Diego Tristán -las más abundantes-. Y, cómo no, mención especial merece el comportamiento de Javier Irureta. El técnico irundarravolvió a comportarse como acostumbra cada vez que visita Cantarrana. No tuvo un mal gesto para nadie y accedió a todas las peticiones de los aficionados. Estas imagenes se repetirán el sábado en Xove. La crónica del encuentro puede leerse en el Suplemento de Deportes.