«Los que antes dejaban cinco duros de propina, ahora dejan cinco céntimos»

La Voz

A MARIÑA

EVA OROSA LA ENTREVISTA Suyai Recaré, argentina, camarera en Viveiro y estudiante de Psicología El nombre de Suyai parece haber sido providencial. Es quechua y significa «esperanza». Ella es argentina, pero en sus raíces hay una mezcla de sangre italiana y gallega. Hace ocho meses que trabaja en Viveiro. A pesar de sus 25 años y su cara risueña, Suyai piensa a largo plazo, echando por tierra todos los tópicos de una juventud centrada en vivir el presente. Quiere terminar su carrera de Psicología. Mientras tanto, se entrega a su trabajo como camarera. La llegada del euro no le ha dado ningún dolor de cabeza.

20 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

En tan solo ocho meses, ha tenido que adaptarse a dos monedas distintas, la peseta y el euro y, además, a un nuevo país. Antes de venir a Viveiro, estuvo unos meses en Mallorca. Después volvió a Argentina, pero siempre con la idea de regresar a España y mejorar sus espectativas. -¿Ha sido muy duro enfrentar tantos cambios? -No me costó demasiado. El euro se parece mucho al dólar y, además, en Argentina he vivido tres cambios de moneda. Ya estaba acostumbrada. -¿Los clientes lo han tenido tan fácil para adaptarse? -Les cuesta un poco. Algunos, a la hora de pagar, sacan todas las monedas y dejan que sea yo la que cobre del montón. Creo que lo que más los confunde es la convivencia de las dos monedas. -¿La llegada del euro ha afectado al volumen de propinas? -La verdad es que acá, las propinas siempre han sido un desastre. Lo que pasa es que en Galicia no existe la costumbre de dejar propina. Como mucho, sacábamos veinte duros al día. En Mallorca, sin embargo, había noches en las que ganábamos 5.000 pesetas (30,05 euros) en propinas. -¿Los que sí dejaban propina, dejan lo mismo ahora? -No. Lo que pasa es que la gente todavía no es consciente del valor de la nueva moneda. Por eso, los que antes dejaban cinco duros de propina, ahora dejan cinco céntimos. En Argentina es distinto, a pesar de que existe menor poder adquisitivo, es raro que los clientes no dejen algo, sobre todo si se han quedado satisfechos por el servicio. Es como una forma de decir que se van contentos.