Iniciarse en el pádel surf en Vilarrube es un placer para los sentidos
15 jul 2019 . Actualizado a las 11:05 h.Amanece este viernes con olor a verano. Ni una nube ensombrece el cielo y el sol por fin calienta con fuerza. Toca comenzar una nueva jornada laboral, pero hoy el tajo no está en la redacción, sino en la maravillosa playa de Vilarrube. ¡Qué suerte tengo! Me han encargado un reportaje sobre un deporte de moda, el pádel surf -también conocido como stand up paddle (SUP) o surf de remo-, así que pongo rumbo al impresionante arenal del municipio de Valdoviño, donde la escuela Asolas no Puntal acaba de iniciar su segunda temporada de cursillos de esta modalidad.
«Comenzamos con solo seis unidades, pero la demanda no ha dejado de crecer y ahora tenemos ya doce tablas», apunta Yago Martín, responsable de Asolas, una escuela que también imparte cursos de surf y organiza expediciones en kayak y rutas de senderismo. La cita no es en la playa, sino en la zona de O Puntal, bajo el puente situado sobre el río das Mestas, donde el caudal fluvial inicia su camino hacia la playa para fundirse con el mar, formando un estuario de aguas cristalinas y formas caprichosas, que varían a lo largo del día en función de las mareas.
Yago se enfrenta hoy a una difícil tarea. Tiene que impartir clase a una servidora, sí, pero también a un grupo de adolescentes que están participando en un campamento de surf en la playa de Doniños (Ferrol). Jovenzuelos ya familiarizados con las tablas y los neoprenos frente a una cuarentañera sin experiencia alguna en estas lides. Menuda combinación. Pero el maestro enseguida me quita el miedo. «Lo bueno que tiene el pádel surf es que está hecho para personas de cualquier edad. Lo puede practicar desde un niño de 8 años hasta un señor de 70», comenta sonriente.
La sesión comienza con una breve explicación sobre los elementos indispensables del SUP: la tabla, el remo ajustable y el invento, que no es otra cosa que un cordón que une el tobillo al aparato. La marea todavía está baja, así que no queda más remedio que hundir los pies en el fango para llegar a la orilla. Y una vez allí, toca enfrentarse al momento crucial: intentar ponerse de pie en la tabla sin perder el equilibro. «Lo importante es ir bien derecho, con la mirada siempre al frente y adelantando un poco la cadera cuando se mete el remo en el agua», me aconseja Yago antes de iniciar la singladura.
Cuidado con el calado
Sus recomendaciones surten efecto y en menos de un pispás ya me he puesto en pie y avanzo tranquilamente por las aguas del estuario, aunque el viento dificulta la tarea. «Tienes que fijarte por dónde vas, porque en algunas zonas hay muy poco calado, y la quilla puede tocar el fondo», advierte Iago, que me sigue el rastro al tiempo que vigila a los más pequeños de la expedición.
Tres de ellos se han cansado de remar y han optado por hacer una parada en un islote de arena situado en medio del estuario, mientras que los más mayores y experimentados, de 13 o 14 años, han tomado la avanzadilla y ya han llegado a la playa, donde disfrutan del SUP de forma «más trepidante». «Vilarrube es un paraíso para el pádel surf, porque por un lado tienes la zona de la desembocadura, ideal para travesías tranquilas, pero también tienes una playa con una rompiente especial, que te permite jugar con las olas», explica Yago.
A mí lo de «jugar con las olas» todavía me queda lejos, así que opto por disfrutar del SUP en modo «relajado», aunque la remada -todo hay que decirlo- exige esfuerzo. Pero, aún así, deslizarse sobre la tabla por el estuario das Mestas entre las verdes montañas de Vilarrube se revela como un placer para los sentidos. Bajo las aguas cristalinas, los cangrejos y las robalizas atraen la mirada cada dos por tres, mientras que la vegetación estimula el olfato y el canto de los pajarillos y el sonido de las olas arrullan los oídos. Tras finalizar el trayecto, me siento genial y pienso que lo ideal ahora sería hacer una parada en la Taberna do Puntal y darle gusto al paladar con una de sus famosas tortillas. Pero es viernes y la jornada laboral aún no ha concluido. Otra vez será. El SUP (y la tortilla) me harán volver sin duda a Vilarrube.