Las inundaciones continuaron ayer al desbordarse el río de Caraña

F. J. CASTIÑEIRA BETANZOS

A CORUÑA

El lugar de A Acea estuvo anegado más de veinte horas y en Roibeira hay daños cuantiosos Las inundaciones no cesan en Betanzos. Cuando muchas familias aún no se han recuperado de los efectos del diluvio y de las riadas del jueves, el río de Os Pelamios o de Caraña se desbordó ayer por la mañana y anegó el acceso a Caraña de Abaixo. Mientras, en A Acea estuvieron más de veinte horas con el agua «hasta el cuello» y en Roibeira sufrieron una situación similar. Un vecino de este último núcleo incluso tuvo que derribar un puente de piedra de su finca para evitar una inundación mayor en su casa.

01 dic 2000 . Actualizado a las 06:00 h.

El Grupo Municipal de Intervención Rápida (GMIR) y Protección Civil de Betanzos acabarán especializándose en inundaciones, si es que no lo están ya. En el lugar de A Acea, el nivel del agua llegó a alcanzar un metro de altura. Y esto no fue lo peor, pues algunas familias soportaron las inundaciones durante más de veinte horas, es decir, como para entrar en el libro Guinnes. No le fueron mucho a la zaga los vecinos del núcleo limítrofe de Roibeira. Las aguas del río Pequeno se salieron de su cauce y su fuerza irreductible arrasó literalmente más de cincuenta metros de un camino de asfalto, que durante toda la madrugada y el día de ayer fue un río más. A las tres de la madrugada todavía había vecinos que empuñaban palas y azadas para intentar reconducir el agua a su cauce o, al menos, evitar que entrase en sus casas. El objetivo, en muchos casos, resultó inalcanzable. Retirada de enseres Entretanto, miembros del GMIR y de Protección Civil ayudaron en lo que podían. Retiraron electrodomésticos de los hogares y hasta un cerdo de una cuadra, aunque el animal acabó muriendo. Y poco más pudieron hacer los unos y los otros ante aguaceros y riadas, a no ser que lamentar la imposibilidad de atender con inmediatez todas las llamadas de socorro que recibieron desde las seis de la tarde del jueves. El temporal deja tras de sí cuantiosos daños materiales, tanto públicos como particulares. Caminos destrozados, muros caídos y ribazos que han obligado a cortar accesos a núcleos, como es el caso del de A Condomiña forman parte del balance de desperfectos, a los que hay que sumar los daños ocasionados en numerosos enseres de no pocas familias betanceiras.