El futuro de Clegg depende de que se apruebe la reforma electoral

Imanol Allende LONDRES / CORRESPONSAL

INTERNACIONAL

25 abr 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

En el Partido Liberal Demócrata británico no sorprende que en los últimos sondeos sobre intención de voto un 58% de los británicos rechacen el cambio del actual sistema electoral -el primero en 36 años-, que será votado en referendo el 5 de mayo. No sorprende porque saben que el abanderado del sí es su líder y viceprimer ministro Nick Clegg, el hombre que en los últimos meses todo aquello que toca se convierte en barro, incluido el Gobierno con los conservadores de David Cameron.

Los tories y un gran sector del Partido Laborista que opina que un cambio del actual sistema electoral podría significar que nunca más volverían a gobernar con mayoría en Westminster, han hecho blanco de sus críticas a Clegg con, a veces, ataques furibundos y fuera de tono. Y con desplantes como el del líder laborista, Ed Miliband, que aunque defiende el cambio, se ha negado a posar con él en la plataforma por el sí. Su mensaje de que el referendo no es un voto de castigo a Clegg o a Cameron es un falso amigo y lo único que ha hecho es que la atención del votante se desvíe de la reforma de la ley electoral a un voto a favor o en contra de la gestión de los dos partidos en el poder.

Contra el «traidor»

Pero incluso entre los propios votantes liberaldemócratas existe una deserción del voto a favor del cambio porque, sencillamente, lo está pidiendo Clegg, el hombre que ha traicionado sus principios políticos al coaligarse con los tories y defender los abusivos y draconianos recortes sociales a cambio de estar en Downing Street. Los lib-dem han perdido siete de cada diez votantes desde las pasadas elecciones generales.

Los conservadores niegan que la división de opinión con los liberaldemócratas en el referendo sea motivo de fricción en la coalición, pero la realidad es que Cameron ha realizado un discurso a veces personalista y ofensivo contra Nick Clegg, al indicar, por ejemplo, que el sistema de voto alternativo favorecería a aquellos políticos que no cumplen lo que prometen en las campañas electorales. ¿Clegg?

Si gana el no el día 5, lo que así parece según las últimas encuestas, el mayor derrotado será Nick Clegg, ya que durante meses se ha visto obligado a conceder y apoyar medidas políticas que con anterioridad había rechazado, solo con la esperanza de poder ofrecer a su partido un cambio del sistema electoral que les permita en el futuro poder gobernar desde Downing Street.

La respuesta de los liberaldemócratas a un no en el referendo -mientras se siguen hundiendo en las previsiones de voto por su deslealtad con sus votantes- puede ser una moción de censura a su líder o la exigencia de poner fin al Gobierno de coalición; en ambos casos supondría el fin político de Nick Clegg.