Una concubina arrastra a la élite china

Marga zambrana PEKÍN / EFE

INTERNACIONAL

Li Weiamasó una fortuna a cambio de favores sexuales a una quincena de altos cargos de la élite comunista que hoy se encuentran entre rejas.

10 mar 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Pekín ha censurado una investigación sobre Li Wei, una concubina que amasó una fortuna a cambio de favores sexuales a una quincena de altos cargos de la élite comunista que hoy se encuentran entre rejas.

«Nepotismo público, el sueño chino», titula en su último número la revista económica Caijing, con el rostro en portada de la ya conocida como la madame Butterfly de China, y que ha desaparecido de la edición electrónica del quincenal por orden de la todopoderosa maquinaria de censura del régimen. El motivo es que esta refugiada vietnamita con sangre francesa, de 48 años, era el común denominador de unos quince altos cargos del Partido Comunista condenados a pena de muerte o cadena perpetua por casos de corrupción en los que se implicaron por ella.

A pesar de las campañas anticorrupción del régimen, el caso de Li Wei «aporta un atisbo sobre cómo se compra el poder entre bambalinas», explica David Bandurski, responsable del China Media Project de la Universidad de Hong Kong. Entre las víctimas de Li figuran el ex presidente de la petrolera estatal Sinopec Chen Tonghai, el ex gobernador de Yunán Li Jiating, sentenciado a muerte por corrupción en el 2003, y el teniente de alcalde de Pekín Liu Zhihua, responsable de los Juegos Olímpicos y condenado por aceptar millones en sobornos.

Li se ha convertido en el paradigma de las nuevas concubinas o er nai, que ya no se conforman con lujos, un apartamento y un deportivo, sino con hacerse con activos en sectores clave. Los sociólogos explican cómo Li Wei despierta admiración por encarnar el sueño chino: sus activos de 2.000 millones de dólares están repartidos en 20 empresas de sectores como el del tabaco, inmobiliarias, publicidad, petróleo y bolsa.

Li es descrita en el reportaje como una atractiva mujer de piel clara, con gusto por la ropa llamativa y como una «máquina carente de sentimientos». Se refugió con su padre en China con 7 años y fue en la provincia de Yunán donde empezó a vender cigarrillos y a utilizar su belleza hasta encandilar a Zheng Shaodong, funcionario de la policía de Cantón.

Mantuvo relaciones con Du Shicheng, secretario del Partido en Shandong, a través del cual llegó a ser la magnate provincial del ladrillo e iniciar en el 2002 sus inversiones en Pekín. Du le presentó a su amigo, el entonces presidente de Sinopec, quien también mantuvo una relación con Li, a la que agasajó con millones de acciones de las subsidiarias de la petrolera estatal y 200 gasolineras en Pekín. Entre sus protectores se encontraba Wang Yi, vicepresidente del órgano regulador bursátil de China, por el que obtuvo pingües beneficios en los parqués locales.

Obtiene una pena indulgente

La mayoría de los amantes de Li están ahora en la cárcel por el testimonio de la propia Li, que no dudó en delatarlos y en entregarse para conseguir una pena indulgente. Así, ella solo fue condenada por un simple delito de evasión de impuestos en el 2006.