Dos diputadas del FLI y un ex parlamentario del grupo del ex fiscal Di Pietro votaron contra la moción de censura
15 dic 2010 . Actualizado a las 09:55 h.Tan solo tres votos salvaron ayer a Silvio Berlusconi de la moción de censura contra su Gobierno, bajo la sospecha de compraventa de votos que ya investiga la Justicia. Salvación que desató la ira de miles de manifestantes, que desde primeras horas protestaban por las calles de Roma contra el Gabinete de Il Cavaliere.
El no de las calles se encontró con el sí a Berlusconi en la Cámara de Diputados. Pero la pírrica victoria solo le da la satisfacción de haber derrotado a su enemigo y hasta hace poco aliado, Gianfranco Fini, que ha visto como su grupo Futuro y Libertad (FLI), formado por 35 diputados, se dividía a la hora de votar.
A primera hora, el primer ministro ganó en el Senado, como esperaba, una moción de confianza, por 162 votos a favor, 135 en contra y 11 abstenciones. Horas después, la Cámara bajo votó en una sola dos mociones de censura, una planteada por la izquierda y otra por el grupo de Fini y los centristas de la UDC, en medio de abucheos, insultos y conatos de peleas.
El resultado fue de 311 votos a favor, 314 en contra y dos abstenciones, por lo que la moción fue rechazada. La gran sorpresa la dio Catia Polidori, del grupo de los disidentes de Fini que se desmarcó apoyando por sorpresa a Berlusconi. También votó en contra otra finiana , Maria Grazia Siliquini. El tercer voto tránsfuga fue el de Antonio Razzi, ex diputado de la opositora Italia de los Valores (IDV), del ex fiscal Antonio di Pietro.
Otras deserciones hicieron que no prosperara el castigo a Il Cavaliere, sobre todo la abstención de Silvano Moffa, hasta ahora un hombre de Fini. Junto con él, se abstuvieron el trío de tránsfugas reunidos en el Movimiento de Responsabilidad: Domenico Scipolini, ex diputado del IDV; Massimo Calero, ex del Partido Democrático, y Bruno Cesario, ex miembro de Alianza para Italia.
«Vendidos»
Los inesperados votos fueron recibidos con vítores, aplausos y banderas por los diputados del PdL, mientras que desde los escaños de la oposición se oían gritos de «vendidos». Para Fini, esta es una «derrota dolorosa», sobre todo por la «traición de tres representantes de mi partido», aunque advirtió que «la victoria numérica de Berlusconi no supone una victoria política». No piensa igual Il Cavaliere, que sin ocultar su satisfacción vaticinó que Fini «está acabado», y que su Gobierno seguirá «adelante» con el apoyo de la UDC de Pierferdinando Casini.
Pero la realidad puede ser distinta para Berlusconi, que tendrá que negociar cada votación en la Cámara, entre ellas leyes clave como la reforma de la universidad y la aprobación del federalismo fiscal. Llegar a las elecciones es solo cuestión de tiempo.